En la Argentina se estima que afecta a una de cada diez personas mayores de 65 años, lo que equivale a cerca de 400 mil personas. Estar atento a señales que pueden presentar signos de deterioro cognitivo ayuda a su diagnóstico y tratamiento precoz.

“Si bien tener olvidos pasajeros puede ser algo normal y hasta natural, es importante prestar atención a la frecuencia con que se producen esos episodios y a la manera en que afectan nuestro comportamiento, y en caso de sospechar la presencia de un cuadro patológico, se debe concurrir en forma urgente al médico especialista”. La afirmación fue realizada por Pablo Richly, médico neuropsiquiatra, Subdirector del Instituto de Alzheimer de la Fundación INECO, en el marco del Día Mundial de la Enfermedad de Alzheimer, que se conmemoró el pasado 21 de septiembre.

Se calcula que en el mundo alrededor de 40 millones de personas padecen la enfermedad de Alzheimer, una cifra semejante a toda la población de la Argentina. “Mientras que respecto de nuestro país, distintas estimaciones refieren una relación de 1 de cada 10 mayores de 65 años, lo que daría una cifra del orden de los 400 mil pacientes”, subrayó Richly.

Nuestro cerebro se comunica a través de una vasta red de billones de conexiones, las sinapsis. A lo largo de nuestras vidas, permanentemente las va renovando, pero cuando comienza a perder las conexiones más rápidamente de lo que las reproduce, esto puede llevar a padecer problemas de la memoria, uno de los signos iniciales de estadios leves de la Enfermedad de Alzheimer.

Las personas con Alzheimer suelen sufrir cambios cerebrales que modifican su comportamiento. Se los puede llegar a ver agresivos (verbal o físicamente), deambular y perderse, manifestarse ansiosos o agitados, sufrir confusiones, alucinaciones, repetir las cosas frecuentemente, presentar problemas con el sueño y volverse desconfiados y sospechosos de lo que los rodea.

Entre las señales de alerta de la pérdida de memoria, se puede citar las siguientes: no responder de manera rápida en qué día, mes o año estamos, repetir varias veces la misma pregunta, no poder contar alguna cosa que aconteció recientemente en las noticias, contar varias veces lo mismo en un lapso corto de tiempo, olvidarse de cómo hacer sus actividades rutinarias, perderse en lugares conocidos y no saber colocar los objetos en sus lugares habituales.

Sin embargo, en opinión del Richly, “como medidas preventivas para evitar llegar a estas situaciones, se aconseja mantener una mente activa, hacer ejercicio físico, tener una buena alimentación y visitar periódicamente al médico para controlar los factores de riesgo cardiovascular, como hipertensión, diabetes, tabaquismo, colesterol elevado y otros trastornos en los lípidos, que son los mismos que afectan el deterioro cognitivo”.

En el libro ‘Comida para un cerebro saludable’, los autores recomiendan 10 conductas para ayudar a mantener sano el cerebro: 1) Llevar una alimentación saludable, 2) Mantener la mente en forma a través de estímulos novedosos y desafiantes; 3) Realizar actividad física de forma regular al menos 30 minutos 3 veces por semana; 4) Tener controlada la presión arterial 5) Reducir el estrés; 6) Usar casco para protegerse de los golpes; 7) Mantener un peso adecuado; 8) Tener una vida social activa; 9) Controlar la diabetes y el colesterol y 10) Tratar los cuadros depresivos.

“En cuanto a la alimentación, diversos estudios demuestran que una dieta variada rica en frutas, verduras, cereales, granos integrales, pescado, carnes magras, y una ingesta considerable de agua u otros líquidos, protegen al cerebro, mientras que contrariamente, una dieta rica en grasas saturadas, grasas trans y colesterol, está asociada a un aumento del riesgo de presentar deterioro cognitivo y demencia”, insistió Richly.

Entre los nutrientes que ayudan a la salud del cerebro, se destacan los ácidos grasos Omega 3, presentes en pescados grasos de aguas frías como el salmón rosado, la trucha, sardinas, atún, arenque y mariscos, y también en frutas secas como nueces o almendras, y aceites vegetales como el de soja o de canola. También constituyen otro grupo de nutrientes importantes los antioxidantes (presentes en alimentos de origen vegetal), la vitamina E (se encuentra en frutas secas como nueces, almendras, castañas de cajú, semillas de girasol, sésamo y aceites vegetales), los fitoquímicos y polifenoles (como el resveratrol presente en las uvas) y las catequinas (en el té verde), las procianidinas (en el cacao) y los licopenos (en el tomate), además de la vitamina B.

Esta combinación de nutrientes puede incorporarse mediante cambios en la dieta o también a través de los llamados ‘alimentos médicos’, que son productos que incluyen grupos de nutrientes para que de manera sencilla la persona pueda incorporarlos.

Se han llevado a cabo diversos estudios con alimentos médicos para el tratamiento del deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer cuyos resultados son esperanzadores. La toma diaria de una combinación de ácidos grasos poliinsaturados con DHA y EPA, vitaminas y antioxidantes, todos esenciales para estimular la formación de las membranas de las neuronas, mostró beneficios en pacientes con enfermedad de Alzheimer en etapas leves. Otras investigaciones con combinaciones de ácidos grasos, vitamina B12 y ácido fólico, han presentado resultados positivos en etapa leves de estas enfermedades.

Sin embargo, es importante remarcar que estas formulaciones no reemplazan a los fármacos pero podrían ayudar a los cuidados del paciente, aunque se necesitan mayores estudios en la materia para determinar qué pacientes se beneficiarían con estas formulaciones. Recordando siempre que son alimentos que deben estar indicados y controlados por un médico.

 

 

 

Fuente: Castropol Comunicaciones