La hemofilia es un padecimiento hemorrágico que impide que la sangre coagule adecuadamente.

Las personas con hemofilia y otros trastornos de coagulación, no tienen una cantidad suficiente de un factor de coagulación específico, una proteína de la sangre que controla las hemorragias, o este no funciona adecuadamente.

La gravedad del trastorno de coagulación de una persona generalmente depende de la cantidad de factor de coagulación que falta o no funciona adecuadamente.

Un hemofílico puede padecer hemorragias internas incontroladas como resultado de una lesión aparentemente menor. Las hemorragias en articulaciones y músculos provocan dolor y discapacidad graves, pero las hemorragias en órganos principales, tales como el cerebro, pueden causar, incluso, la muerte.

Los pacientes con hemofilia deben tener acceso inmediato a los concentrados antihemofílicos, para poder tratar, en forma precoz, los episodios hemorrágicos.  La demora en el inicio del tratamiento determina mayor daño de los tejidos y secuelas más severas.

El tratamiento precoz permite al paciente desarrollar adecuadamente sus actividades educativas, laborales y recreativas.  “La mayoría de las personas con hemofilia en el mundo no recibe diagnóstico, tratamiento y control adecuado para sus padecimientos”, afirma Mark Skinner, presidente de la Federación Mundial de Hemofilia (FMH).

“Esto es importante tanto en lugares donde ya existe un buen tratamiento que es necesario preservar, como en los que el tratamiento necesita mejorarse”, opina.

Al celebrarse el Día Mundial de la Hemofilia, los esfuerzos se centran en achicar las brechas para acceso a los tratamientos, pero sobre todo, al diagnóstico precoz.