El crecimiento de vasos sanguíneos anormales en el fondo del ojo a causa de una miopía patológica puede causar un deterioro irreversible de la visión central. Un medicamento ya utilizado en otras patologías de la retina fue aprobado ahora para tratar estos tipos de miopía.

“Sufrí miopía toda la vida. Pero lamentablemente, nunca me habían informado que mi enfermedad era degenerativa, es decir, que iría empeorando con el tiempo. Ni siquiera me habían hecho un fondo de ojo. Habitualmente iba a la consulta y salía con una graduación cada vez mayor para mis anteojos”. Este es el testimonio de Analía Cantero, abogada marplatense de 34 años que sufre miopía degenerativa y maculopatía.

Continúa su relato: “Una maculopatía seca me dejó sin visión de un ojo. No se pudo hacer nada. Y hace cuatro años me diagnosticaron maculopatía miópica, a raíz de una degeneración macular. A la semana me quedé sin visión. De un día para otro, no podía ver ni una letra. Mi oftalmólogo me derivó a un retinólogo sin mayores explicaciones, y mi panorama no era optimista. Lo primero que me dijeron fue que iba a quedarme ciega; fue muy fuerte. Al diagnosticarme estaba en pareja y no tenía hijos; uno no sabe cómo seguir adelante”.

Cerca del 90% de los pacientes con miopía patológica experimenta una pérdida severa de la visión en un lapso de cinco años, pérdida que “suele afectar a personas con menos de 50 años e impacta negativamente en la productividad, el desarrollo económico, la proyección profesional y calidad de vida de personas en etapa laboral”, según sostuvo Marcelo Zas, médico oftalmólogo, jefe de la Sección Retina de la División Oftalmología del Hospital de Clínicas “José de San Martín” de la Universidad de Buenos Aires.

Esta pérdida se produce a causa de una neovascularización (crecimiento de vasos sanguíneos anormales) en la retina. Se desconoce el número fehaciente de personas que padecen en nuestro país esta neovascularización coroidea secundaria a miopía patológica, pero podría efectuarse una aproximación utilizando los datos epidemiológicos de publicaciones de otros países por carecer de datos locales. El estudio Beaver Dam Eye detectó que la prevalencia de alta miopía (mayor a 6 dioptrías) es del 3,8% en la población mayor a 43 años. Por otro lado se sabe que el riesgo de desarrollar una membrana neovascular en pacientes con alta miopía es de un 5 a un 11 por ciento.

La población mayor a 40 años es de algo más de 12 millones de personas en la Argentina según los datos del INDEC. Teniendo en cuenta estos valores, podría decirse que habrá una población de casi 469 mil personas con alta miopía. De estas personas, habría entre 23.436 y 51.559 pacientes con neovascularización coroidea secundaria a miopía patológica.

Cómo se produce

En esta patología, explicó Zas, el globo ocular experimenta un agrandamiento de su longitud axial (diámetro de delante a atrás), “lo que produce un estiramiento de la retina y puede generar rupturas y formación de nuevos vasos sanguíneos en la mácula (se denomina neovascularización), algunos de los cuales se rompen y generan hemorragias y edema que ocasionan una disminución aguda de la visión central”.

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) acaba de otorgar la aprobación de una nueva indicación de ranibizumab, para el tratamiento de la neovascularización coroidea causada por miopía patológica. Este crecimiento anormal y patológico de vasos sanguíneos en la mácula es la complicación visual más común en personas con miopía elevada, enfermedad que es responsable del 62% de los casos de neovascularización en menores de 50 años.

La reciente autorización por parte de la ANMAT convierte a ranibizumab -el único medicamento específicamente diseñado para su uso oftalmológico que ha demostrado en estudios clínicos preservar y mejorar la visión de los pacientes- en el primer tratamiento anti-VEGF aprobado en Argentina con cuatro indicaciones, considerando que ya estaba indicado para el tratamiento de la degeneración macular relacionada con la edad, el edema macular diabético y el edema macular secundario a la oclusión venosa de la retina.

“No perder la visión que me queda”

A paciente Analía Cantero cuenta su experiencia luego del tratamiento mencionado: “Con el correr del tiempo, tuve recaídas y retratamientos. Nuevas aplicaciones de ranibizumab me mejoraron la hemorragia y el edema macular, pero mi visión no volvió a estar como antes, ya que la enfermedad es degenerativa y mi retina está muy deteriorada. Quedé con una visión de 3/10, y así me manejo, trabajo, realizo todas mis actividades, y trato de salir adelante”.

“Para mí, lo importante es no perder la visión que me queda. Siempre con las inyecciones tuve resultados óptimos; me las apliqué cada vez que me lo indicaron, y valió la pena. Agradezco haber tenido la fortaleza de buscar y obtener la información, porque si me hubiera quedado con los primeros médicos, la historia podría haber sido distinta. No hay nada peor que un paciente desinformado. Por eso, a cada persona que atraviesa una situación similar, le aconsejo buscar ayuda con especialistas. El rol del paciente cambió: ahora somos pacientes activos que se informan para tener una mejor calidad de vida”.

 

Fuente: Castropol