La revista Jama dio a conocer una investigación cuyo objetivo fue evaluar la incidencia del consumo de sal en los niveles de presión arterial, morbilidad y mortalidad, a través de la examinación de la excreción de sodio en la orina.

La investigación concluyó que la menor excreción de sodio se asoció con un mayor riesgo de muerte cardiovascular, mientras que la suba de excreción de sodio no se correspondió con un mayor riesgo de hipertensión o complicaciones de enfermedades cardiovasculares.

Al escuchar estos resultados, miembros de la Asociación Americana del Corazón y el Centro para el Control de las Enfermedades (Estados Unidos) pusieron el grito en el cielo y no sólo cuestionaron los resultados de la investigación, sino el procedimiento científico utilizado.

El debate de la sal gira en torno a su efecto en la presión arterial. Este condimento aporta sodio, un nutriente necesario para el correcto funcionamiento de los nervios y los músculos, que ayuda a mantener el equilibrio adecuado de los líquidos del cuerpo.

Sin embargo, el temor con respecto a la sal es que al consumirla en exceso parece generar hipertensión, condición peligrosa ya que aumenta el riesgo de desarrollar patologías graves como accidentes cerebrovasculares, afecciones cardíacas e insuficiencia renal.

La investigación que reavivó el debate estuvo a cargo de Katarzyna Stolarz-Skrzypek, MD, Ph.D. de la Universidad de Lovaina, Bélgica -y colegas de otros centros de estudios europeos-.

Se realizó con 3.681 personas que tenían una presión arterial normal y que no sufrían ningún problema cardíaco al comenzar la investigación. Estos voluntarios fueron divididos en tres grupos: los que consumían sal en cantidades altas, moderadas y bajas.

Resultó que los que más sal usaron mostraron una menor tasa de mortalidad. A los ochos años de comenzado el estudio habían muerto 50 personas de los que comían con poca sal, 24 de los que lo hacían de manera moderada y 10 voluntarios que utilizaban mucho de este condimento.

El riesgo de enfermedad cardíaca era 56% mayor en los voluntarios que usaban poca sal. Por ese motivo, los autores aventuraron una polémica conclusión: cuanta menos sal se come más posibilidades hay de morir a causa de enfermedades cardíacas.

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