Cerca de tres millones de personas en Reino Unido viven con anosmia, es decir, sin sentido del olfato.

Esta situación afecta considerablemente la calidad de vida de las personas, ocasionando aislamiento, depresión y la pérdida de interés en la comida.

“No creo que la gente se dé cuenta de lo mucho que vivir sin olfato puede afectar a un nivel tan personal la vida”, opina Sarah Page, una estudiante de fotografía de 19 años, que padece de anosmia desde que tenía cinco años.

A Sarah, el no poder oler pudo haberla matado. “Mi madre tenía una cocina de gas. Apreté una de las perillas y la cocina se empezó a llenar de gas. Cuando mi madre llegó a casa dijo ‘huele a gas’ y comenzó a correr por la casa abriendo las ventanas. Podría haberme muerto”, recuerda.

Carl Philpott, un cirujano y otorrinolaringólogo que dirige la Clínica del Olfato y el Gusto en el hospital de la Universidad James Paget, de Reino Unido, ha atendido a más de 100 pacientes con esta patología.

“Como médico aprendiz rápidamente me di cuenta no solo del nivel de conocimiento que falta en este campo, sino que en el país no había mucho interés en tratar la pérdida del olfato como un problema”, explica Philpott.

La anosmia puede estar presente desde el nacimiento o puede ser causada por  varios factores, desde una sinusitis crónica, un trauma en la cabeza tras un accidente o simplemente un resfriado común.

Las investigaciones indican que la mitad de quienes padecen anosmia viven deprimidos. Muchos de ellos también sufren una gran pérdida de sabor ya que el 80% del sabor de la comidas se siente gracias al olfato.

Tratamiento. Para ayudar a los pacientes a recuperar el sentido del olfato, Philpott utiliza un sistema de neuronavegación conocido como cirugía bilateral de seno endoscópica asistida por computadora (BiCASS, por sus siglas en inglés).

Para esto, se coloca la imagen de una tomografía computarizada, superpuesta a la cara del paciente, que deja al descubierto los senos nasales bloqueados y sirve de guía para permitir una cirugía completa.

Los estudios han demostrado que esta técnica puede hacer que sólo el 2% de los pacientes necesiten cirugías adicionales.

“Tenemos que investigar más en términos de tratamiento y sensibilizar a todos los miembros de la profesión médica de que esto es algo que podemos tratar”, concluye Philpott.

Fuente: BBC Mundo.com