El lunes 10 de junio comienza la Semana Argentina de las Alergias Alimentarias

Cada año, nacen en Argentina alrededor de 700 mil niños[1], de los cuales se estima que hasta el 5 por ciento podrá presentar alguna alergia a los alimentos, siendo la alergia a la proteína de le leche de vaca (APLV) la más frecuente, que presenta una incidencia de entre el 1 y el 1,2 por ciento, lo que representaría más de 7.000 nuevos casos por año.

Del 10 al 16 de junio se conmemora por segundo año consecutivo la ‘Semana Argentina de las Alergias Alimentarias’, por lo que expertos de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) y otras disciplinas vinculadas al manejo de estos pacientes, insistieron en la necesidad de sospechar los cuadros a tiempo, porque cuanto más tarde se diagnostica y se trata la alergia alimentaria, mayor es el riesgo de comprometer seriamente las curvas de crecimiento de los niños[2].

En general, los niños con alguna alergia alimentaria suelen debutar con 2 o más síntomas, tales como vómitos, reflujo, diarreas y/o deposiciones con moco y sangre (60% de los casos)[3]. La condición puede también afectar la piel, presentándose con eczemas importantes, urticarias y/o edemas en labios y párpados, inmediatamente a la ingesta del alimento ofensor[4]. Con menor frecuencia algunos niños pueden presentar una reacción alérgica severa con riesgo potencial de muerte, denominada ‘anafilaxia’.

“La leche de vaca, huevo, trigo y soja son los alimentos que más alergia desencadenan en niños pequeños. Entre adultos, en cambio, las originan sobre todo los frutos secos, los mariscos, los pescados y el maní”, indicó la Dra. Karina López, Directora del Comité de Alergias Alimentarias y Anafilaxia de la AAAeIC.

Por su parte el Dr. Claudio Parisi, médico pediatra especialista en alergia e inmunología, ex presidente de la AAAeIC, sostuvo que “es muy importante que los padres estén atentos a estas manifestaciones y se las comuniquen al pediatra, quien tomará las medidas pertinentes, como por ejemplo derivar al paciente con el especialista en alergia o gastroenterología. Una de las claves, sin lugar a dudas, será no perder tiempo, porque está en juego la salud y la calidad de vida del niño y su familia, y porque es necesario iniciar un tratamiento para prevenir consecuencias más severas”.

El tratamiento de la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) comienza con la ‘dieta de exclusión’, que significa suprimir la ingesta del alimento sospechado. En el caso de la leche de vaca y sus derivados, debería suprimirlo la mamá mientras amamanta a su bebé, y luego el niño, cuando inicia la etapa de alimentación complementaria”, subrayó el Dr. Christian Boggio Marzet, pediatra gastroenterólogo y Coordinador del Grupo de Trabajo en Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Pirovano.

Un factor que influye sobre la APLV es la microbiota, que es el conjunto de gérmenes que habitan el cuerpo humano, 95% de los cuales se alojan en el tubo digestivo y son beneficiosos para la salud. Contribuyen a sintetizar vitaminas, metabolizar hidratos de carbono, medicamentos y además presentan una estrecha vinculación con el sistema inmunológico.

“Los bebes que nacen por parto vaginal adquieren gran parte de su microbiota aspirando gérmenes beneficiosos al transitar el canal de parto de la mama, además de la que adquieren del medio ambiente, mientras que los que nacen por cesárea solo reciben los gérmenes presentes en la sala de partos o el quirófano. En un estudio llevado a cabo en nuestro hospital comprobamos que en los bebés nacidos por cesárea la prevalencia de alergias a la proteína de la leche de vaca fue casi el doble”, explicó el Dr. Boggio Marzet, agregando que “hay mucha investigación en curso respecto de la relación entre la microbiota y el desarrollo del sistema inmunológico durante toda la vida, no solo en la primera infancia”.

En aquellos casos de niños con APLV que no puedan recibir leche materna ni por supuesto leche de vaca, la opción de reemplazo deberá ser indicada especialmente por el médico gastroenterólogo pediatra y con su estricto seguimiento. En general suelen recomendarse leches de fórmula especiales, cuya provisión para estos cuadros está garantizada por una ley nacional (n° 27.305).

Algunas de estas fórmulas tienen beneficios clínicamente comprobados en la reducción de las manifestaciones alérgicas y en la severidad de los síntomas. Además, su combinación de prebióticos tiene un efecto bifidogénico que mejora la microbiota y contribuye a modular el sistema inmune del niño.

No es intolerancia a la lactosa

La alergia a la proteína de la leche de vaca es una condición diferente de la intolerancia a la lactosa, situación que también genera manifestaciones de alergia. De hecho, la lactosa es importante para un óptimo desarrollo gastrointestinal: es el primer carbohidrato presente en la leche materna, contribuye a modular positivamente la microbiota intestinal[7], aumenta la absorción del calcio, que es clave para la mineralización ósea[8] y mejora la palatabilidad[9],[10].

Prevención de las alergias a los alimentos

“Como medida de prevención, existe coincidencia internacional en la importancia de mantener la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de vida. Mientras que cuando el bebé comienza a recibir otro tipo de alimentos, se debe cumplir minuciosamente con las pautas alimentarias que vaya proponiendo el pediatra”, recomendó por su parte la Dra. María Eugenia Gervasoni, miembro del Comité de Alergias Alimentarias y Anafilaxia de la AAAeIC.

Entre los factores que incrementan el riesgo de que el bebé desarrolle alergia a algún alimento, se destaca el componente hereditario (predisposición alérgica -no solo alimentaria- de padres y hermanos), lactancia materna inferior a los 3 meses, consumo temprano de leche de vaca, y nacimiento por cesárea, como ya fue explicado.