La Diabetes Tipo 1 (DM1)  aparece con síntomas súbitos: producción excesiva de orina, sed, hambre constante, pérdida de peso, alteraciones visuales y fatiga.

En casi la mitad de los niños y adolescentes, esta enfermedad se diagnostica luego de una gran descompensación que llega, incluso, a poner en riesgo la vida.

Según las Guías de Práctica Clínica para el Manejo de la Diabetes Tipo 1, publicadas por la Sociedad Argentina de Diabetes (SAD), la diabetes tipo 1 es la enfermedad endocrinológica más frecuente en Pediatría y cerca del 50% de los casos se diagnostica en personas menores de 18 años.

Esta afección se caracteriza por la producción insuficiente de insulina en el páncreas, lo cual impide la metabolización de azúcar en el organismo.

Se trata de una enfermedad crónica, compleja, que requiere cuidados continuos y la administración diaria de insulina, sin la cual el paciente puede morir.

El tratamiento se basa en la administración de insulina basal (manteniendo un nivel constante de esta hormona en el torrente sanguíneo) y de insulina regular o análogos de acción rápida antes de las comidas.

El tratamiento de los niños menores de seis años de edad representa un desafío adicional: son quienes tienen mayor riesgo de complicaciones a largo plazo, y quienes  son más impactados por un evento adverso de la insulina, la ‘hipoglucemia’ severa, que consiste en una abrupta disminución de azúcar en sangre.

Impacto psicológico. La confirmación del diagnóstico de Diabetes produce un fuerte impacto psicológico en el niño y la familia.

El tratamiento requiere estrecha vigilancia y pautas médicas precisas, con el objetivo de mantener los niveles de azúcar en sangre lo más cercanos a los límites normales y de la forma más segura.

Las guías de la SAD remarcan que cuando la enfermedad se presenta en el período preescolar (antes de los seis años de edad), existen algunas características que dificultan el manejo:

  • Dependencia absoluta: los niños son totalmente dependientes de sus padres o cuidadores para la realización de monitoreos, aplicación de insulina, alimentación y detección de hipoglucemias.
  • Impredecibilidad: la conducta alimentaria y la actividad física son muy variables e impredecibles.
  • Dificultad para discernir: los padres suelen tener dificultades para diferenciar qué conductas están asociadas a la diabetes o son características de la etapa de maduración.
  • Mayor riesgo de hipoglucemias: las hipoglucemias son más frecuentes y pueden ser más severas.
  • Flexibilidad: en esta etapa se deben considerar objetivos glucémicos individualizados y regímenes de insulina más flexibles para evitar riesgos de hipoglucemia.
  • Cooperación y educación de padres y cuidadores: se debe enseñar a padres y cuidadores a contar hidratos de carbono y a utilizar análogos de acción rápidos en administración posprandial, para minimizar riesgos de hipoglucemias.

Cada vez más afectados.  Según las guías de la SAD, las tasas de prevalencia de DM1 se están incrementando en todo el mundo, especialmente en los niños de 0-4 años.

Si bien las tasas son muy variables, se estima que en Estados Unidos, el 7% de la población tiene diabetes. De ese porcentaje, aproximadamente del 5 al 10% sería tipo 1.

Incidencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolló el Estudio DIAMOND, una investigación basada en el monitoreo de 100 centros de 50 países.

En Argentina, el estudio determinó que la incidencia de DM1 en niños menores de 14 años durante un período de 10 años fue de  6,5% en Avellaneda; 7,0% en Córdoba; 4,3% en Corrientes y 8,0% en Tierra del Fuego.

Novedades. La reciente aprobación en Argentina de la indicación de la insulina basal detemir  (de Laboratorios Novo Nordisk ) para niños mayores de 2 años demostró reducir el riesgo de hipoglucemias y favorecer un mejor control de la enfermedad, lo que prevendrá futuras complicaciones.

Más información: Novo Nordisk