El estrés académico a los 15 años se asocia con depresión y autolesión en la adultez
Un estudio longitudinal británico vincula la presión escolar en la adolescencia con mayor riesgo sostenido de síntomas depresivos y conductas autolesivas hasta los 24 años.
La fuerte presión por el rendimiento académico a los 15 años puede tener consecuencias duraderas sobre la salud mental. Así lo sugiere una investigación publicada en The Lancet Child & Adolescent Health, que siguió a 4.714 jóvenes británicos durante casi una década.
El estudio fue liderado por investigadores de University College London (UCL) y analizó datos de la cohorte “Children of the 90s”, integrada por adolescentes que rindieron los exámenes del General Certificate of Secondary Education alrededor de 2006-2007.
Los resultados muestran que quienes reportaron mayores niveles de presión académica a los 15 años continuaron presentando síntomas depresivos más elevados cada año hasta al menos los 22 años, con el vínculo más fuerte observado a los 16. Además, por cada punto adicional en una escala de nueve niveles de estrés escolar, aumentaban un 8% las probabilidades de autolesión a esa edad, un riesgo que se mantuvo detectable hasta los 24 años.
La autora principal, Gemma Lewis, de UCL Psychiatry, advirtió que si bien cierto nivel de exigencia puede ser motivador, un exceso puede resultar abrumador y perjudicial. El análisis también detectó que niveles elevados de estrés ya a los 11 y 14 años se asociaban con mayor riesgo posterior de depresión, lo que sugiere que el problema comienza antes de los exámenes finales de secundaria.
Los investigadores plantean que la presión académica es un factor potencialmente modificable y proponen intervenciones a nivel institucional: revisar la cultura escolar, reducir la centralidad de los exámenes y fortalecer el desarrollo de habilidades sociales y emocionales.
El estudio es observacional —por lo que no establece causalidad— y no incluye el impacto de la pandemia de COVID-19 ni cambios recientes en políticas educativas. Aun así, aporta evidencia sólida de que el clima académico puede dejar huellas en la salud mental más allá de la adolescencia.
