El consumo de azúcar en los primeros años de vida podría relacionarse con la ansiedad en la adultez

El consumo de azúcar en los primeros años de vida podría relacionarse con la ansiedad en la adultez

Una menor exposición durante la gestación y hasta los dos años se vinculó con menos probabilidades de desarrollar este trastorno.

La cantidad de azúcar consumida durante los primeros 1.000 días de vida —un período que comprende desde la gestación hasta aproximadamente los dos años— podría tener consecuencias que se extiendan hasta la adultez.

Una nueva investigación encontró que las personas que estuvieron expuestas a restricciones en el consumo durante esa etapa presentaron un menor riesgo de desarrollar ansiedad décadas después.

El estudio, publicado en Translational Psychiatry, analizó datos de más de 46 mil personas nacidas en Reino Unido durante y después del período de racionamiento de azúcar implementado durante la Segunda Guerra Mundial.

Un experimento natural

Las restricciones de aquella época permitieron a los investigadores comparar a personas que habían atravesado diferentes niveles de exposición al azúcar durante la gestación y los primeros años de vida.

Los resultados mostraron que quienes habían permanecido durante más tiempo bajo el racionamiento, desde el período intrauterino y hasta los dos años, presentaban un menor riesgo de ansiedad en la adultez.

En el caso de las mujeres, aquellas que no estuvieron expuestas a las restricciones durante sus primeros años o lo hicieron durante períodos más breves mostraron una mayor probabilidad de desarrollar ansiedad con el paso del tiempo.

Los investigadores también observaron diferencias posteriores en los hábitos alimentarios. Las personas que habían atravesado los períodos más prolongados de restricción manifestaron una menor preferencia por los alimentos dulces en la adultez.

Diferencias en 11 regiones del cerebro

El estudio incorporó además resonancias magnéticas cerebrales de casi 6.000 participantes para determinar si existían diferencias estructurales entre los grupos.

Los investigadores encontraron variaciones significativas en el volumen de sustancia gris de 11 regiones cerebrales. Una de ellas fue el cerebelo, una estructura conocida principalmente por su participación en el movimiento y la coordinación, pero que también ha sido relacionada con procesos cognitivos y emocionales.

“Los primeros entornos nutricionales parecen tener una relevancia duradera para la salud mental”, señaló Nophar Geifman, profesor de informática sanitaria y biomédica de la Universidad de Surrey y uno de los autores del trabajo.

Una relación que todavía debe estudiarse

Los resultados no significan que consumir azúcar durante la infancia provoque ansiedad ni que restringirlo necesariamente prevenga problemas de salud mental.

Aunque el racionamiento histórico ofrece a los científicos una oportunidad particular para estudiar los posibles efectos de diferentes niveles de exposición, otros factores biológicos, sociales y ambientales pueden intervenir en la salud mental a lo largo de la vida.

Los autores consideran que futuras investigaciones deberían incorporar información genética para comprender mejor cómo interactúan la nutrición durante los primeros años y las características individuales.

Los hallazgos se suman así a la evidencia sobre la importancia de los primeros 1.000 días de vida, una etapa en la que la alimentación podría tener implicancias que van más allá del crecimiento y la salud física y extenderse al desarrollo cerebral y al bienestar mental décadas después.

Redacción Latam

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