La terapia hormonal para la menopausia no aumentaría el riesgo de infarto ni ACV
Una investigación realizada en Israel con más de 52 mil mujeres encontró tasas similares de enfermedades cardiovasculares entre quienes recibieron el tratamiento y aquellas que no lo utilizaron.
La terapia hormonal utilizada para aliviar los síntomas de la menopausia no parece aumentar el riesgo de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular (ACV) o desarrollar coágulos sanguíneos en mujeres de mediana edad sin antecedentes cardiovasculares.
Así lo indica un nuevo estudio realizado en Israel, que analizó la evolución de más de 52 mil mujeres durante un período promedio de 12 años y encontró resultados similares entre quienes recibieron tratamiento hormonal y aquellas que no lo utilizaron.
Los hallazgos serán presentados durante la reunión anual de la Asociación Americana del Corazón (AHA), que se realizará del 6 al 9 de noviembre en Chicago, Estados Unidos.
La investigación aporta información sobre una de las principales preocupaciones relacionadas con estos tratamientos: sus posibles efectos sobre la salud cardiovascular.
Qué es la terapia hormonal para la menopausia
Durante la menopausia, el organismo experimenta una disminución en la producción de determinadas hormonas, especialmente estrógenos.
Este proceso puede provocar sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño y otros síntomas que afectan la calidad de vida.
La terapia hormonal busca aliviar estas manifestaciones mediante la administración de hormonas, que pueden suministrarse a través de comprimidos, parches o geles.
Sin embargo, durante años existieron dudas sobre su seguridad, especialmente por la posibilidad de que aumentara el riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares o trombosis.
Estas preocupaciones llevaron a algunas mujeres a evitar el tratamiento y a determinados profesionales a mostrarse cautelosos al recomendarlo.
“El temor a que la terapia hormonal sustitutiva afecte al corazón es una de las razones más frecuentes por las que las mujeres rechazan este tratamiento”, explicó Ronen Arbel, investigador principal del estudio e integrante de Clalit Health Services, en Tel Aviv.
Un seguimiento de más de 52 mil mujeres
Para evaluar los posibles riesgos, los investigadores analizaron los registros médicos de más de 52.000 mujeres israelíes.
La mitad había recibido terapia hormonal, principalmente mediante comprimidos o parches, mientras que la otra mitad no había utilizado estos tratamientos.
El seguimiento se extendió durante un promedio de 12 años y, en algunos casos, alcanzó los 23 años.
Los científicos compararon la frecuencia de infartos, accidentes cerebrovasculares, otras enfermedades cardíacas, coágulos sanguíneos y muertes antes de los 80 años.
Los resultados mostraron que las diferencias entre ambos grupos fueron pequeñas.
Entre las mujeres que recibieron terapia hormonal, el 4,4% sufrió un infarto, un ACV u otro problema cardíaco.
En el grupo que no utilizó el tratamiento, esa proporción fue del 4,6%.
Es decir, la frecuencia de estos eventos fue prácticamente equivalente.
Qué ocurrió con la mortalidad y los coágulos
Los investigadores también analizaron si existían diferencias en las tasas de mortalidad antes de los 80 años.
Entre las mujeres que recibieron terapia hormonal, la proporción fue del 1,3%, frente al 1,2% registrado entre quienes no la utilizaron.
Tampoco se encontraron diferencias relevantes en la frecuencia de coágulos sanguíneos.
Según Arbel, los resultados sugieren que las terapias hormonales disponibles actualmente no parecen aumentar el riesgo cardiovascular en mujeres de aproximadamente 45 a 59 años que no presentan antecedentes de enfermedad cardíaca ni de trombosis.
El investigador destacó que esta asociación se mantuvo incluso entre quienes utilizaron el tratamiento durante períodos prolongados.
Sin embargo, los resultados no significan que la terapia hormonal esté libre de riesgos para todas las mujeres, ya que las condiciones de salud individuales pueden modificar su conveniencia.
La importancia de comenzar el tratamiento a tiempo
Uno de los aspectos centrales de la discusión médica es la edad en la que se inicia la terapia hormonal.
Las recomendaciones actuales citadas por los investigadores señalan que, en general, su utilización debe evaluarse preferentemente antes de los 60 años y dentro de los primeros 10 años posteriores al inicio de la menopausia.
Este criterio responde a que el balance entre beneficios y riesgos puede variar según la edad, los antecedentes médicos y el tiempo transcurrido desde el último período menstrual.
Por ese motivo, la decisión de iniciar un tratamiento debe considerar las características de cada paciente y no basarse únicamente en los resultados generales de una investigación.
La elección de la formulación, la dosis y la vía de administración también requiere una evaluación profesional.
Qué opinan los especialistas
Stacey Rosen, expresidenta voluntaria de la Asociación Americana del Corazón y directora ejecutiva del Katz Institute for Women’s Health, consideró que los resultados se suman a las investigaciones que cuestionan la existencia de un mayor riesgo cardiovascular asociado con las terapias hormonales actuales en mujeres sanas que comienzan el tratamiento alrededor de la menopausia.
La especialista, que no participó en el estudio, destacó que muchas mujeres experimentan síntomas capaces de afectar considerablemente su calidad de vida.
Sin embargo, reconoció que las dudas sobre la seguridad cardiovascular continúan influyendo en las decisiones terapéuticas.
Para Rosen, los nuevos hallazgos podrían contribuir a que las pacientes y sus médicos mantengan conversaciones mejor informadas sobre los posibles beneficios y riesgos.
Resultados que todavía necesitan confirmación
Aunque el estudio incluyó una población numerosa y un seguimiento prolongado, los resultados deben interpretarse con cautela.
La investigación comparó la evolución de mujeres que recibieron terapia hormonal con la de aquellas que no la utilizaron, pero no permite establecer por sí sola una relación causal.
Además, los datos se presentarán en un congreso científico y deben considerarse preliminares hasta que sean publicados en una revista especializada con revisión por pares.
Los hallazgos tampoco pueden extenderse automáticamente a mujeres con antecedentes de infarto, ACV, trombosis u otras condiciones que puedan modificar el riesgo del tratamiento.
La terapia hormonal no debe utilizarse como estrategia para prevenir enfermedades cardiovasculares, sino que su indicación principal continúa siendo el tratamiento de determinados síntomas de la menopausia.
En este contexto, la investigación aporta nuevas evidencias para evaluar su seguridad y refuerza la importancia de que cada mujer pueda decidir junto con su médico cuál es la alternativa más adecuada según su edad, antecedentes y necesidades de salud.
