Cuando la digestión se detiene: señales de alerta del estómago lento y cómo enfrentarlas
La sensación de pesadez después de comer, las náuseas persistentes o el dolor abdominal pueden ser algo más que una simple indigestión.
Sentir que la comida “no baja” o que permanece demasiado tiempo en el estómago es una experiencia más común de lo que parece. Para muchas personas, estos síntomas pueden estar vinculados a la gastroparesia, una condición en la que el estómago tarda más de lo normal en vaciar su contenido hacia el intestino delgado.
De acuerdo con datos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), cerca de una de cada cuatro personas presenta síntomas compatibles con este trastorno. Sin embargo, el diagnóstico no suele ser inmediato. “Los pacientes no llegan diciendo que tienen un vaciamiento gástrico lento”, explica el doctor Braden Kuo, jefe de gastroenterología de la Universidad de Columbia. Por el contrario, consultan por saciedad precoz, náuseas, vómitos, dolor o malestar abdominal.
Antes de confirmar la gastroparesia, los médicos deben descartar otras causas posibles, como úlceras, inflamación u obstrucciones. Cuando los estudios no revelan estos problemas y los síntomas persisten, la sospecha aumenta.
En muchos casos, la gastroparesia aparece sin una causa clara. No obstante, también puede estar asociada a enfermedades que dañan los nervios encargados de la digestión. La diabetes mal controlada es la causa más frecuente, ya que puede afectar el nervio vago, responsable de coordinar los movimientos del estómago. Algunas enfermedades autoinmunes y ciertas infecciones virales también pueden alterar la función digestiva.
Investigaciones financiadas por los NIH, que desde hace 17 años siguen a niños y adultos con esta condición, revelaron que el dolor abdominal es uno de los síntomas más habituales: lo padece el 90% de los pacientes y, en un tercio de los casos, es severo. Los estudios actuales buscan comprender los cambios celulares, nerviosos e inflamatorios que intervienen en el trastorno.
Además de los tratamientos médicos, se exploran terapias complementarias como la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a manejar los síntomas, relajar el nervio vago y reducir el miedo a comer.
Los especialistas recomiendan adoptar hábitos que alivien las molestias: comer porciones pequeñas, reducir grasas y fibra, cocinar y masticar bien los alimentos, hidratarse adecuadamente, caminar después de las comidas y evitar el alcohol, las bebidas gaseosas y recostarse inmediatamente tras comer. Estas medidas pueden marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de quienes conviven con este problema digestivo.
