El ejercicio podría retrasar el deterioro físico y cognitivo en personas con Parkinson
Una investigación que siguió durante siete años a casi 300 pacientes encontró una evolución más lenta de los problemas de movilidad, pensamiento y memoria entre quienes realizaban mayor actividad física.
Mantenerse físicamente activo podría ayudar a retrasar el deterioro asociado con la enfermedad de Parkinson. Un nuevo estudio encontró que las personas que realizaban más ejercicio presentaban una progresión más lenta tanto de los problemas de movimiento como de las dificultades relacionadas con el pensamiento y la memoria.
La investigación, publicada en la revista científica Neurology, siguió durante un período de hasta siete años a casi 300 pacientes con Parkinson leve a moderado, cuya edad promedio era de 66 años.
Los resultados mostraron que quienes acumulaban más de ocho horas semanales de actividad física experimentaban un deterioro más lento de sus capacidades motoras y cognitivas, incluso después de considerar otros factores que podían influir en la evolución de la enfermedad.
Cuánto ejercicio podría marcar la diferencia
Para realizar el estudio, los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos según la cantidad de tiempo que dedicaban al movimiento.
El primero incluía a quienes realizaban menos de cuatro horas semanales de actividad física. El segundo reunía a quienes acumulaban entre cuatro y ocho horas, mientras que el tercero estaba integrado por personas que superaban las ocho horas.
Los participantes informaron cuánto tiempo permanecían activos durante sus actividades laborales, domésticas y recreativas. Además, fueron sometidos a evaluaciones anuales para medir sus síntomas motores y su rendimiento cognitivo.
Los pacientes del grupo más activo mostraron una evolución más favorable en ambos aspectos.
“Nuestro estudio encontró que la actividad física puede tener beneficios duales, con asociaciones a un descenso más lento en el movimiento y la cognición”, explicó Dong-Woo Ryu, investigador de la Universidad de Cincinnati, en Estados Unidos, y autor principal del trabajo.
La intensidad también podría influir
Los investigadores observaron que dedicar más tiempo a actividades físicas vigorosas también se relacionaba con mejores resultados.
Entre los ejemplos de este tipo de ejercicio mencionaron correr, andar en bicicleta a ritmo intenso, practicar deportes de equipo, jugar al tenis y realizar determinadas tareas físicas exigentes.
Sin embargo, los especialistas destacaron que los posibles beneficios no dependerían únicamente de la intensidad, sino también del tiempo total de actividad y de la continuidad del ejercicio a lo largo de los años.
Esto resulta especialmente relevante porque el Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente el control del movimiento, aunque también puede comprometer funciones cognitivas como la memoria, la atención y el razonamiento.
A medida que avanza, pueden aparecer temblores, rigidez muscular, lentitud de movimientos y dificultades para mantener el equilibrio. En algunos pacientes también se desarrollan alteraciones del pensamiento y la memoria.
Qué sucede en el cerebro
Aunque el estudio no permitió identificar los mecanismos responsables de los beneficios observados, los investigadores plantearon distintas explicaciones posibles.
Una de ellas es que el ejercicio favorece la circulación sanguínea cerebral, lo que podría contribuir a mantener un mejor funcionamiento de las células nerviosas.
La actividad física también puede ayudar a reducir procesos inflamatorios y estimular la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones y adaptarse a diferentes situaciones.
Además, se sabe que el movimiento favorece la liberación de determinadas sustancias que participan en la protección y el funcionamiento de las neuronas.
Estos mecanismos podrían contribuir a explicar por qué las personas físicamente más activas mostraron una progresión más lenta de los síntomas motores y cognitivos.
Resultados prometedores, pero con limitaciones
Los autores aclararon que las diferencias registradas entre los grupos fueron relativamente pequeñas, aunque podrían adquirir mayor importancia si los pacientes fueran observados durante períodos superiores a los siete años.
También señalaron que la mayoría de los participantes conservaba buenas capacidades de pensamiento y memoria al comenzar la investigación, una característica que limita la posibilidad de generalizar los resultados a personas con deterioro cognitivo más avanzado.
Por otra parte, al tratarse de un estudio observacional, los hallazgos no demuestran que el ejercicio sea directamente responsable de retrasar la progresión del Parkinson.
Los investigadores consideran necesario realizar nuevos trabajos para determinar qué cantidad, intensidad y tipo de actividad física podrían ofrecer mayores beneficios.
Mientras tanto, los resultados refuerzan la importancia de mantenerse activo dentro de las posibilidades de cada paciente, con ejercicios adaptados a su condición física y supervisados por profesionales de la salud cuando sea necesario.
