Por: Marcelo Orias
Jefe de Servicio de Nefrología del Sanatorio Allende
Co-Director del Laboratorio de Genética de Hipertensión Arterial 
Inst. de Investigación MyM Ferreyra INIMEC-CONICET.

Entre el 5 y el 7 por ciento de los jóvenes de 24 a 34 años en la Argentina son hipertensos. El porcentaje es levemente menor en personas de 15 a 24, pero también representativo, afectando al 2% de este sector poblacional.

La gente se está haciendo hipertensa cada vez más joven. Si se analiza cada grupo etario, se notará que cada vez hay más hipertensos en cada uno ellos. Si un joven propenso a ser hipertenso a los 50 años engorda mucho a los 30 o 35 años, puede hacerse hipertenso antes. En otras palabras, de a poco, se va adelantando la hipertensión.

Obesidad, sedentarismo y estrés. La obesidad y el sedentarismo están influyendo marcadamente en la edad en que aparece la hipertensión. El estrés también afecta, pero es más difícil medirlo y hablar de sus consecuencias.

La obesidad está claramente en aumento y se sabe que su consecuencia es un aumento directo en la presión. Tal es así, que cuando un obeso baja de peso, inicialmente la presión se normaliza un tiempo pero, aún manteniéndose delgado, tiene mucho riesgo de ser hipertenso más tardíamente.

Es oportuno aclarar que hay gente que no se va a hacer hipertensa jamás, por más obesa y sedentaria que sea, porque no tiene la genética para ser hipertensa. Ahora, en aquel joven que tiene genes para ser hipertenso, la obesidad, el sedentarismo y el estrés sirven de gatillo para esta afección.

Es decir, las anteriores no son causas en sí sino factores que inician o agravan la hipertensión.

Los riesgos de ser hipertensos a una edad temprana. La hipertensión va dañando las arterias lentamente. Si bien todo el mundo tiene miedo a los picos de hipertensión, es raro que eso le suceda a un joven con las arterias sanas.

 El problema es que aún las presiones muy leves, en el tiempo van causando daño. Si la persona se hace hipertensa a los 30 años y no se cuida, puede tener problemas a una edad todavía temprana.

Para ser más precisos, si el paciente tiene las arterias dañadas en el cerebro, puede darle un infarto de cerebro. Si las arterias dañadas son en el corazón, se puede producir un ataque al corazón. Si el daño se da en los riñones, puede ir a diálisis. Si se dañan todas, puede tener todos estos problemas.

 Las consecuencias son a mediano plazo, no inmediatas. Por eso es importantísimo que la persona sepa si es hipertenso y disminuya la presión con medidas (farmacológicas o no farmacológicas), para tener una presión normal y evitar el daño de las arterias.

Hay muchos jóvenes que no saben que son hipertensos ya que esta afección, en general, es asintomática. Si hay hipertensión arterial en la familia, con más razón, se deben tomar la presión arterial los jóvenes.

La clave: los hábitos de vida. Además del creciente sedentarismo y obesidad, se consume mucha más sal que hace 50 años.

En este marco, lo ideal es la prevención. Comer poca sal, mantener un peso saludable, hacer actividad física aeróbica y no fumar, son medidas preventivas generales que todos deberían aplicar para disminuir los niveles de presión arterial.

En los estadíos iniciales, la presión no está elevada continuamente, por lo que se puede normalizarla yendo al gimnasio, bajando el consumo de sal, adelgazando y llevando una vida tranquila.

Después de un tiempo, pese a que se haga todo eso, la presión sube y se mantiene elevada en forma  permanente.

En general, en edades tempranas, la mayoría de las personas pueden normalizar la presión durante un tiempo sólo a partir de cambios en los hábitos de vida. Pero hay gente joven muy hipertensa que aún en edades tempranas, y teniendo hábitos saludables, deben tomar dos o tres medicamentos.

Si esta es la situación, y se determina que la medicación es ineludible, no hay que dar vueltas. Si la persona no toma la medicación, la presión estará elevada constantemente e irá dañando su organismo. El problema se dará 10 ó 20 años después, cuando se vean las consecuencias.

La prevención es hoy. La mayoría de la gente sabe que el sobrepeso es nocivo, que comer mucha sal y fumar no es bueno; sin embargo, falta llevar ese conocimiento a la práctica.

La culpa es compartida: la sociedad se enfoca en cuestiones más triviales y los médicos todavía no han podido ser efectivos en transmitir el mensaje de manera que la gente realmente se motive y cambie sus hábitos.

También hay culpa por parte de los gobiernos, que deben ayudar a difundir el mensaje en forma masiva y generar medidas y programas por los cuales a la gente se le hagan más fáciles estos cambios.

Lo que se necesita es, en primera medida, instalar estos temas en la población.