El sobrepeso y la obesidad influyen en las irregularidades del ciclo menstrual y afectan las chances de conseguir un embarazo. Además, están asociados, en el caso de los hombres, con espermogramas con parámetros más alterados de espermatozoides.

Una especialista en fertilidad asegura que es posible su tratamiento con un control de la situación metabólica del paciente y la implementación de medidas higiénico-dietéticas adecuadas.

El sobrepeso y la obesidad son condiciones cuya incidencia ha aumentado significativamente en los últimos años a nivel global, tanto en los países desarrollados como en los en vías de desarrollo. Afecta a hombres, mujeres y niños, y se ha vuelto una pandemia que representa un verdadero problema de salud pública.

Dado que es una enfermedad sistémica, la obesidad afecta a todas las células y tejidos del organismo, como así también a todos sus órganos, provocando o agravando, entre otras, muchas enfermedades cardiovasculares (hipertensión arterial, trastornos de los lípidos, infarto), cerebrovasculares (enf. vascular, ACV), gastrointestinales (acidez, reflujo), articulares (osteoartrosis, gota) y diabetes tipo 2 y hasta favoreciendo el desarrollo de algunos tipos de cáncer.

Sin embargo, en opinión de Ester Polak de Fried, médica especialista en Fertilidad y directora del departamento de Medicina Reproductiva del Centro Especializado en Reproducción (CER), “recientes estudios aportan evidencia también sobre un importante vínculo entre el exceso de peso (medido según el índice de masa corporal -IMC-), y una reducción de la fertilidad, tanto masculina como femenina. A mayor IMC menores serán las probabilidades de concebir”.

El IMC es un coeficiente que surge de dividir el peso (en kg.) por la altura (en metros) al cuadrado. Un nivel de entre 25 y 29,9 estará indicando ‘sobrepeso’ y uno mayor a 30, obesidad.

Un trabajo publicado recientemente en la revista New England Journal of Medicine, titulado ‘La influencia de la obesidad en la reproducción y el embarazo’, concluyó que la obesidad incide en el ciclo menstrual y puede provocar irregularidades en la ovulación, lo que aumenta las complicaciones para conseguir el embarazo; mientras que está asociada también con la calidad de los espermatozoides, porque favorece la presencia de parámetros alterados en el espermograma.

De hecho, otra investigación, llevada a cabo por Zaher Merhi -miembro de la Asociación Americana para la Medicina Reproductiva- demostró que por cada aumento de 5 puntos de IMC en los hombres, se reducían en un 28% las chances de la concepción. En esta línea, el IMC es inversamente proporcional al volumen de la eyaculación.

“Estos estudios confirman lo que de alguna manera los médicos veíamos en la práctica. Se trata de un avance para el abordaje de la infertilidad, tanto femenina como masculina”, insistió la Dra. Polak.

Un trabajo sobre la salud de las mujeres en los Estados Unidos halló que las adolescentes obesas presentan un riesgo entre tres y cuatro veces aumentado de no lograr el embarazo durante sus vidas. Y otra investigación, publicada en la revista Human Reproduction, concluyó que el incremento del índice de masa corporal (IMC) era directamente proporcional al riesgo de padecer subfertilidad, infertilidad y a enfrentar un tiempo mayor para lograr la concepción en caso de estar bajo tratamiento de reproducción asistida.

“El hecho de que una mujer obesa tenga una menor chance de lograr la concepción natural se adjudicaba regularmente a que presentaba alteraciones en la ovulación, pero se ha comprobado que aquéllas con obesidad y ciclos ovulatorios normales también presentan una disminución significativa en sus chances de lograr un embarazo en forma espontánea”, sostuvo Polak, quien atribuyó esta situación a que la obesidad, además de producir trastornos ovulatorios, también tiene consecuencias negativas sobre la calidad ovocitaria, sobre el desarrollo embrionario y sobre el medio endometrial, efectos que a su vez se multiplican cuando su pareja también es obesa.

En los consultorios de fertilidad, los especialistas reconocen que es frecuente recibir a mujeres con problemas en la ovulación (anovuladoras) y con sobrepeso que presentan un cuadro de Síndrome de Ovario Poliquístico, que es una afección caracterizada por un desequilibrio en las hormonas sexuales que puede causar -entre otros trastornos- desde cambios en el ciclo menstrual hasta quistes en los ovarios y dificultad para obtener un embarazo.

“Afortunadamente, en estos casos, un adecuado tratamiento de las enfermedades metabólicas con fármacos que han demostrado ser efectivos, más la instrumentación de las medidas higiénico–dietéticas como adoptar una dieta equilibrada, baja en hidratos de carbono y grasas saturadas, y efectuar ejercicio físico regularmente, nos van a permitir controlar el síndrome metabólico, el sobrepeso u obesidad y, consecuentemente, el problema reproductivo, lo que permitirá lograr que un porcentaje elevado de pacientes alcancen el embarazo en forma espontánea”, aseguró Polak, quien además es docente autorizada de Ginecología y Endocrinología Reproductiva de la Facultad de Medicina de la UBA.

“Pero tenemos que reconocer que hoy para la ciencia no caben dudas de que la obesidad puede disminuir o retrasar las chances de concepción natural, o directamente producir infertilidad por anovulación que al ser tratada dificulta el proceso de inducción, ya que estas pacientes suelen presentar resistencia a las medicaciones para la estimulación ovárica (gonadotrofinas)”, advirtió.

En lo que respecta a los efectos del sobrepeso y la obesidad en la fertilidad masculina, recientemente se han publicado también varios estudios que demostraron la presencia de alteraciones hormonales y efectos nocivos sobre los parámetros espermáticos.

“Todas estas evidencias corroboran la hipótesis de que el sobrepeso y la obesidad son condiciones que predisponen a presentar una marcada disminución de las chances de lograr un embarazo, tanto por causa masculina como femenina. Sin olvidar también que la obesidad suele ser responsable de aumentar el riesgo de abortos y de complicaciones obstétricas y de disminuir la tasa de recién nacidos vivos sanos”, concluyó Polak.

Fuente:

Dra. Ester Polak de Fried – MN 40.293
  • Médica especialista en Ginecología y Obstetricia; en Endocrinología; y en Fertilidad.
  • Directora del Departamento de Medicina Reproductiva del CER – Centro Especializado en Reproducción