Aunque 1 de cada 5 argentinos muere por enfermedades oncológicas. En 2017, el gasto conjunto del Instituto Nacional del Cáncer y del programa Asistencia con Drogas Oncológicas alcanzó los $215,65 millones, lo que representa el 0,41% de las erogaciones del Ministerio de Salud y un 0,23% del Gasto Público Nacional en Salud. Para asistir a las personas con cáncer sin cobertura médica, representantes de distintas áreas, reunidos en un encuentro multidisciplinario, intercambiaron ideas sobre nuevas fuentes de financiamiento. Según una encuesta que llevó adelante Poliarquía en junio de este año, el cáncer preocupa bastante o mucho a 3 de cada 4 argentinos; el 59% considera que las coberturas de tratamientos para el cáncer son malas o regulares y el 54% cree que acceder a medicamentos es bastante o muy difícil. El cáncer es la tercera causa de muerte en nuestro país (18%), sólo superado por las enfermedades cardiovasculares (29%) y las respiratorias (19%) .

Según la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, IARC, Argentina se ubica entre los países con mortalidad por cáncer media-alta y ocupa el quinto lugar entre los países del continente americano1. Las enfermedades crónicas no transmisibles, como el cáncer, representan un desafío para los sistemas de salud al momento de ofrecer cobertura a la población y destinar los recursos necesarios.

Para 2040, se espera que las muertes por cáncer crezcan un 30% (de 167 a 217 cada 100 mil) y el cáncer duplicará a la primera causa de muerte entre 50 y 69 años, que actualmente es la cardiovascular[2].

Para la Dra. Zulma Ortiz, Subdirectora Ejecutiva del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina y quien coordina la iniciativa #accionxcancer, “es muy poco lo que se invierte hoy en cáncer en relación al impacto sanitario que representa. Duplicando o triplicando la cifra, no se movería el amperímetro del presupuesto nacional pero esos recursos podrían contribuir de manera significativa en la mejora de los registros de cáncer o en las políticas públicas de prevención primaria y secundaria”.

El movimiento #accionxcancer surge de un proceso de ‘Diálogos, Deliberaciones y Debates’ impulsado por el Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina con el objetivo de construir una agenda política informada que priorice al cáncer. El movimiento convoca a todos los actores clave del ecosistema del cáncer que quieran sumarse; se trata de un ejercicio democrático que va más allá del voto.

“Actualmente, nos encontramos en la última etapa de esta iniciativa. El objetivo de esta fase es de incidencia pública y se centra en acercar a cada una de las plataformas de los candidatos presidenciales todos los hallazgos y definiciones alcanzados durante más de un año de trabajo inter y transdisciplinario. Durante este recorrido hemos logrado construir, a partir de consensos, una agenda común en la cual el cáncer se impone como una política de Estado prioritaria. La idea es acercar nuestras propuestas a los distintos espacios políticos para que cuenten con mejores herramientas para desarrollar y presentar planes concretos para abordar este tema en términos de salud pública en sus programas de campaña”, detalló la Dra. Ortiz.

Mejorar el financiamiento y la gestión

“A 3 de cada 4 argentinos el cáncer es un tema que les preocupa bastante o mucho (77%). Respecto del acceso a la información sobre cáncer, solamente el 20% considera que la información que brinda el estado nacional acerca del cáncer es suficiente, lo que habla de una necesidad concreta de más y mejores campañas de concientización” afirma el Dr. Daniel Lew, Director del Programa de Especialización en Medicina Familiar del Hospital Austral y coordinador de un relevamiento realizado por la consultora Poliarquía denominado ‘Percepciones de los argentinos sobre el cáncer’ que relevó durante el mes de junio de 2019 la opinión de 1.898 argentinos de 40 localidades de nuestro país. “Respecto de temas como acceso a la salud, 6 de cada 10 argentinos (59%) cree que las coberturas de tratamientos para el cáncer son malas o regulares y el 54% refirió que obtener medicamentos para el cáncer es bastante o muy difícil”, agregó Lew.

El cáncer es un desafío complejo y multidimensional que requiere una respuesta integral y múltiple de una variedad de actores dentro del sistema de salud. Es por eso que desde la Organización Mundial de la Salud[3] y otros organismos recomiendan la implementación de Planes Nacionales de Cáncer que articulen los esfuerzos de los diferentes organismos del estado (áreas de inmunización, manejo de factores de riesgo, evaluación de tecnología, desarrollo social, educación, entre otras). La planificación en salud, permite considerar e integrar las posibles intervenciones, eligiendo un programa combinado de acciones, destinado a minimizar la carga general de la enfermedad en la sociedad[4].

Argentina ya ha dado un paso importante al desarrollar, de la mano del Instituto Nacional del Cáncer (INC), un Plan Nacional de Control del Cáncer quinquenal (2018-2022). Sin embargo, como señala la Dra. Julia Ismael, Directora del INC “Como parte del fortalecimiento y profundización de sus acciones en la línea de cuidado continuo del cáncer (desde la prevención, diagnóstico, tratamiento y cuidados paliativos) es necesario acompañarlo con un incremento de las partidas presupuestarias destinadas a dichas acciones”.

Sin embargo, tal como señala la literatura en materia sanitaria[5], considerando las distintas dimensiones (social y económica, además de sanitaria) y complejidad del problema, la implementación de dicho plan debería sumar al liderazgo del Ministerio de Salud de la Nación y los responsables provinciales, la mirada de los pacientes y sus familiares. “La Argentina enfrenta importantes desafios de articulación de recursos y esfuerzos en materia de control del cáncer. Es de vital importancia generar espacios de encuentro donde los distintos actores del sistema puedan definir prioridades, coordinar la implementación de sus esfuerzos, medir y evaluar para recalibrar a fin de asegurar que se avanza en la dirección correcta”, afirmó Victoria Viel Temperley, Directora de la organización de pacientes “Donde quiero Estar”, con presencia en más de 20 servicios de oncología de hospitales públicos del país.

Por otro lado, el rol del Ministerio de Salud es vital para asegurar el financiamiento de los programas de control del cáncer -y su implementación- dentro de un marco coordinado de políticas públicas diseñadas para mejorar el control de la enfermedad. Oscar Cetrángolo, economista e investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (UBA-CONICET), sostuvo que el financiamiento de políticas para el cáncer debiera surgir siempre del Presupuesto Nacional. “En un país con una historia tan fuerte de restricciones fiscales, hemos adquirido la costumbre de pelear cada uno por su financiamiento, en un contexto caracterizado por una extrema fragmentación institucional y financiera del sistema de salud, lo que termina fragmentando el derecho de las personas a acceder a la salud”.

Para Cetrángolo, además, el problema del financiamiento del cáncer, en un país federal con un fuerte proceso de descentralización en la provisión pública de salud, guarda una estrecha relación con las desigualdades productivas: “si uno mira el mapa del PBI, en la Argentina más de la mitad se genera entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Ante semejante diferencia, es inviable que un ciudadano de Formosa, Santiago del Estero o Chaco pueda financiar un gasto en salud o educación equivalente a lo que puede financiar un bonaerense. Se trata de un problema histórico de geografía económica desigual, que también se refleja en la atención de la salud”.

Una de las propuestas surgidas del espacio de deliberación, destinada a corregir este mal endémico de la Argentina, fue la creación de un fondo compensatorio federal que permita a los pacientes sin cobertura recibir atención, transfiriendo recursos a lo largo del territorio. Para ello es imprescindible el fortalecimiento del rol del gobierno nacional en su función de rectoría y compensador de diferencias entre jurisdicciones que generan y consumen recursos en forma desigual.

El dilema del tabaco

Las enfermedades no transmisibles, incluyendo al cáncer, representan al menos 6 de cada 10 muertes en el mundo y en Argentina son responsables del 73% de las mismas. “Lo más importante es que 3 de cada 4 de estas muertes son evitables con políticas de prevención primaria”, enfatizó la Dra.Verónica Schoj, Directora Nacional de Promoción de la Salud y Control de las Enfermedades No Transmisibles.

Desde #acciónxCáncer se propuso la utilización de una asignación específica de impuestos al tabaco para prevenir y tratar el cáncer, como ya tienen muchos otros países del mundo.

Sin embargo, en Argentina lo recaudado a través de ese impuesto no se asigna a la prevención ni a los tratamientos médicos de los ciudadanos que se enferman por el daño producido por el tabaco. Mas aún, una buena parte de los impuestos al tabaco recaudados se utiliza para disminuir los costos de producción de las tabacaleras y para subsidiar la producción de tabaco a través del Fondo Especial del Tabaco (FET), establecido por ley en la década del 70, y el cual opera como un obstáculo para implementar políticas sanitarias efectivas de control del tabaco.

Sobre este punto, la Dra.Schoj sostuvo que “en 2018, el FET recaudó 9 mil millones de pesos, recurso que vuelve a la producción tabacalera, siendo este un claro ejemplo de incoherencia de las políticas públicas, dado que estamos subsidiando un producto como el tabaco, cuando necesitaríamos diversificar y sustituir el tabaco para fomentar el desarrollo frutihortícola y así aumentar el consumo de frutas y verduras en la población y disminuir la obesidad, el cáncer y otras enfermedades crónicas”.

Para la experta, otra fuente posible de financiamiento para lograr fondos específicos para el cáncer, además de los impuestos al tabaco, al alcohol o a las bebidas azucaradas, son las Acciones Colectivas de Daño, a través de juicios a las tabacaleras que permitan compensar por el daño que han generado y siguen produciendo a través de la venta de sus productos, la información engañosa y el ocultamiento de información a sus consumidores. Estas acciones se dan en varios países; de hecho, unos 45 estados norteamericanos demandaron a las tabacaleras en 1998 y éstas debieron aportar a los estados mas de 126 mil millones de dólares en los últimos 20 años”.

En la misma línea, la Dra. Zulma Ortiz refirió que los principales flagelos del sistema de salud son su fragmentación y descentralización: “para una línea de cuidados como el cáncer, que es un problema prioritario, es importante pensar en una única fuente -o varias formas de financiemiento, pero coordinadas en sus acciones y prioridades-. No es solamentes una discusión sobre tratamientos, sino sobre los modelos de atención que debieran incluir a la prevención primaria, secundaria, terciaria y a la atención integral de los pacientes con cáncer”, concluyó.

Para un mejor aprovechamiento de los recursos actuales, podría desinvertirse en tecnologías obsoletas y optimizar todo el proceso de evaluación de tecnologías sanitarias, algo que está previsto en el proyecto de creación de una agencia multidisciplinaria conformada por expertos, generalistas y representantes de la comunidad.

Mejorar los procesos y los tiempos de compra de medicamentos, de los tests de diagnóstico, equipamiento y otras tecnologías sanitarias también permitiría mejorar el aprovechamiento de los recursos impactando enormemente en la calidad de la atención del cáncer en nuestro país.

#accionxcancer

La propuesta ‘Diálogos, Deliberaciones y Debates’ del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina se enmarca en la campaña #accionxcancer (www.facebook.com/accionxcancer, www.twitter.com/accionxcancer), que propone desarrollar un movimiento de sensibilización y participación progresiva hacia la construcción de una agenda política informada que facilite las decisiones de los responsables en las diferentes etapas del proceso de decisión. No se limita a los pacientes ni a la máxima autoridad, integra a todos los que tienen el cáncer en su agenda. La participación ciudadana, el diálogo y la priorización de desafíos comunes son la clave para incidir en la agenda.