La interacción entre los científicos y la industria farmacéutica está creciendo. Así lo afirmaron los expertos que participaron de la Semana de Investigación de Farmacología Clínica en la Argentina, organizada por la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe).

“Se está percibiendo que esta política marca un antes y un después en todo lo que tiene que ver con la vinculación entre el ámbito académico y la industria. La vocación del Ministerio, por promover la innovación productiva, es el motor de este cambio”, sostuvo Osvaldo Podhajcer, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Director del Laboratorio de Terapia Molecular y Celular de la Fundación Instituto Leloir.

El investigador agregó que también existe una decisión por parte de la industria local de acercarse al ámbito académico, interiorizarse de los avances y asociarse a grupos que hacen investigación de punta.

Qué son. Los estudios clínicos son aquellos que se realizan para demostrar la seguridad y eficacia de un medicamento o de una vacuna, y son una parte esencial del proceso de investigación y desarrollo farmacéutico.

Tras el desarrollo de una molécula prometedora, se conduce una serie de pruebas in vitro, luego se pasa a ensayos en mamíferos y después -cuando se ha comprobado la seguridad de una droga- se llevan adelante estudios clínicos en pacientes.

Cada estudio clínico -internacional y multicéntrico- se lleva adelante bajo las mismas estrictas normas de buenas prácticas en todos los países que participan.

Ésto, sumado al rol activo de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), y de los comités de ética de cada estudio que monitorean constantemente su desarrollo, garantiza la calidad de los procedimientos que se llevan adelante en nuestro país en material de investigación clínica.

En la última década, las compañías nucleadas en CAEMe, responsables del 97% de los protocolos de investigación farmacológica aprobados por la ANMAT, invirtieron cerca de 700 millones de dólares en esta actividad.

Por cada estudio que se aprueba se demandan más de 21 puestos de trabajo, lo que equivale a una PYME.

Los estudios clínicos significan transferencia efectiva de tecnología y acceso a medicamentos innovadores para los pacientes. Sólo en 2010, casi 30 mil pacientes participaron de distintos estudios clínicos en nuestro país.