El momento del despedirse del pañal -como ocurre también con el chupete- supone una suerte de “quiebre” para los niños, pero también para los papás, ya que trae aparejado una cierta independencia de los bebés.

Aunque existen parámetros de tiempo en los cuales se supone que un niño debe comenzar a valerse por sí mismo para hacer sus necesidades,  los especialistas coinciden en que no hay reglas fijas y que lo único que vale para todos los casos es la colaboración de los padres para entender que abandonar el pañal es un hecho complejo en el cual es importante no presionar a los niños.

Así lo demuestra un informe sobre el tema recientemente publicado en el Canadian Medical Association Journal. En el informe se establece que “no hay que forzar a los chicos ni iniciar el aprendizaje hasta que ellos hayan manifestado cierto interés en aprender a través de acciones directas o signos que indican la capacidad de controlar las evacuaciones”.

Adrián Giannotti, pediatra del Hospital Universitario Austral, coincidie con esta idea. “Es importante que los padres sepan cuál es el momento adecuado para enseñar a los chicos cómo dejar el pañal y de qué manera manejar esta etapa para que los cambios no resulten violentos, ni conflictivos”, afirma.

El especialista explica que a nivel neurológico es necesario que el niño haya alcanzado cierta madurez, y que esté listo para controlar su impulso de orinar. Esto habitualmente ocurre entre los dos años y los dos años y medio, pero la edad puede variar, ya que cada niño tiene sus propias características biológicas y psicológicas.

Cómo acompañarlos. Hay tres etapas claramente visibles que atraviesan, en algún u otro momento, todos los niños.

En la primera, el niño es capaz de comunicar que ya hizo sus necesidades. En la segunda, en cambio, avisa en el preciso momento en que lo está haciendo. Finalmente, en la tercera, habla con sus papás antes de hacer “pis o caca”.

“En todas ellas es importante que los padres acompañen. Esto implica, por ejemplo, felicitarlos por haberse dado cuenta en el primer caso, por avisar en el segundo y por anunciar en el tercero. A su vez, se les puede empezar a mostrar cómo se tira el pañal, dónde está el baño, cómo funciona, qué es una pelela, etc.”, comenta Ginannotti.

La sucesión de las mencionadas etapas se inicia con algunos gestos que pueden funcionar como síntomas. Por ejemplo, el bebé que se da cuenta de que tiene el pañal mojado o sucio, se lo mira se lo toca, camina, hace gestos con su cara, muestra interés por familiarizarse con el baño o la pelela, o imita a los adultos.

Cuando todo esto empieza a ocurrir, es fundamental que los papás los alienten, felicitándolos cada vez que dan un paso más. Es bueno abrazarlos, aplaudirlos y decirles que estuvieron muy bien. Si el niño está contento aprenderá, con mayor facilidad. 

Una vez que el niño empieza a transitar el camino de dejar los pañales, hay que observar si es capaz de retener siempre o solo a veces, si usa regularmente el baño o la pelela, si lo pide, en qué horario (para poder llevarlo en ese momento), siempre recordándole que debe pedirlo.