· Los especialistas señalan que muchos pacientes dejan de tener relaciones sexuales luego de un evento cardiovascular, fundamentalmente debido a la falta de información por miedo de que se repita su experiencia o se agrave su estado.

· Muchos se sienten inhibidos al momento de tener una relación sexual y, como consecuencia, aparece la angustia que puede causar síntomas muy parecidos a los cardiológicos: dolor de pecho, sudoración, mareos y falta de aire.

· Recomiendan hablar de este tema con sus cardiólogos y buscar apoyo psicológico, que en ambos casos, podría incluir la presencia también de sus parejas.

Buenos Aires, 17 de octubre de 2018 – Según la Organización Mundial de la Salud, la salud sexual es un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia[1]. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando las personas se sienten limitadas en su vida sexual por el hecho de tener una afección cardíaca? ¿Qué miedos y angustias aparecen y cuál es el impacto a nivel emocional y psicológico?

Hoy se sabe que muchos pacientes dejan de tener relaciones sexuales luego de un evento cardíaco, fundamentalmente debido a la falta de información y al miedo de que se repita la experiencia coronaria. Es una problemática que involucra al paciente y a su pareja, por lo cual los especialistas recomiendan la consulta al cardiólogo y al psicólogo solos e inclusive con su pareja.

Este será uno de los temas que se abordarán durante la 44° edición del Congreso Argentino de Cardiología, organizado por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), que tendrá lugar en Buenos Aires del 18 al 20 de octubre y que es considerada la reunión científica más importante de habla hispana en el área cardiovascular y la cuarta en relevancia a nivel internacional.

La posibilidad de tener angina de pecho durante las relaciones sexuales representa menos del 5% del total de ataques anginosos sobre todo en individuos sedentarios que no hagan ningún tipo de ejercicio[2]. Mientras que el riesgo relativo de padecer un infarto se incrementa 2,7 veces respecto a períodos de actividad no sexual y hasta en 4,4 veces si la persona es sedentaria[3]. Es importante tener en cuenta que una relación sexual equivale a caminar enérgicamente o subir 2 pisos de escalera[4].

“Durante las relaciones aumentan la frecuencia cardíaca y la tensión arterial, ambas de una manera muy leve durante los estímulos previos y el coito, con un mayor incremento durante el orgasmo. Luego de éste, tanto la tensión arterial como la frecuencia cardíaca vuelven a los niveles previos. Esto es igual en el hombre y en la mujer[5]. En el corazón enfermo, esta respuesta puede estar atenuada por el deterioro de la función de bomba del corazón o por el uso de medicamentos. Existen muchos mitos sobre las personas con afección cardíaca y sexualidad. Por ello, es muy importante que los cardiólogos habiliten al paciente a hablar sobre su sexualidad y respondan correctamente sus preguntas y las de su pareja”, señaló el Dr. Carlos Sztejfman, médico cardiólogo y Secretario Científico del Consejo de Aspectos Psicosociales de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Entre las principales afecciones cardíacas que afectan a la población, se encuentran la cardiopatía isquémica, la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca. Cada año 17,5 millones de personas mueren en todo el mundo por enfermedades cardiovasculares, incluidas las enfermedades cardíacas y los infartos cerebrovasculares. Esta estadística representa la principal causa de muerte en el país y el mundo, y se estima que para 2030 aumentará a 23 millones[6], motivo por el cual la sexualidad en estos pacientes no es un tema menor.

Según indicó el Dr. Sztejfman, si bien no hay edades determinadas donde la actividad sexual se limite por enfermedades cardiovasculares, los adultos mayores pueden tener más dificultades para la excitación y el orgasmo por razones médicas y/o emocionales, lo cual implica un esfuerzo suprior con mayor demanda cardiovascular[7].

“El corazón representa y simboliza en nuestra cultura occidental lo que tiene que ver con la vida y con el amor. El impacto psicológico y emocional de tener una afección cardíaca es traumático, al punto de que el individuo se siente afectado profundamente. Luego de un evento o un diagnóstico cardiovascular, usualmente la persona pasa a “ser un paciente cardiológico” para el sistema de salud y principalmente para él mismo. Al padecer una enfermedad algo se pierde y toda pérdida conlleva un dolor que habrá que elaborar. Saber que tienen una patología cardiológica a muchos les resulta restrictivo en su sexualidad, particularmente en las relaciones sexuales, sobre todo por desconocimiento. El miedo de tener un evento durante el coito es algo muy frecuente que puede generar ansiedad, tanto en los pacientes como en sus parejas”, explicó la Lic. Alix Utne, ex directora del Consejo de Aspectos Psicosociales de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Para la Lic. Utne, el problema en sí mismo no radica en que su sexualidad tenga que ejercerse bajo coordenadas diferentes, a partir de ciertos límites, dado que los límites en un grado razonable los protegen. El problema sería que se sientan limitados, inhibidos y como consecuencia aparezcan síntomas psicológicos y angustia, tan habituales, particularmente frente a la desinformación.

“Un aspecto a tener en cuenta, es que los concomitantes físicos de la angustia son muy similares a los síntomas cardiológicos: dolor de pecho, sudoración, mareos y disnea. La confusión y la falta de discriminación entre estas manifestaciones suele ser motivo de consulta en las guardias médicas, en medio de una crisis que produce más angustia aún. Estos hechos traen aparejado un efecto traumático que el paciente prefiere no repetir, disminuyendo u obviando así el acceso al ejercicio de su sexualidad”, aseguró la Lic. Utne.

Respecto del uso del sildenafil (comúnmente conocido como ‘viagra’) al cual muchos pacientes recurren al momento de tener una relación sexual, los especialistas consideraron que “no se controla ni se hace un uso responsable del medicamento.” Es recomendable que cualquier persona que consuma éste u otro medicamento, y más aún quienes padecen una afección cardiológica, realicen la consulta con su médico a fin de que los oriente y les realice un examen de control. Existe la idea generalizada de que el sildenafil resolvería problemas de cualquier orden con respecto a la sexualidad, sin embargo, es importante destacar desde el punto de vista psicológico, que no estimula el deseo en personas que no lo tienen. Es un medicamento vasodilatador y, en relación a la disfunción eréctil, favorece la erección y/o su mantenimiento. Muchas veces, a nivel psicológico, funciona también como resguardo, dando una sensación de confianza y seguridad. No olvidemos de que la zona erógena por excelencia, es el cerebro”, subrayó la Lic. Utne.

Ambos especialistas coinciden en que se puede llevar adelante una vida sexual plena aun teniendo una cardiopatía, con la consideración de lo que para cada uno signifique “sexualidad plena”. Lo más importante es que surjan interrogantes y que los pacientes cardiológicos puedan encontrar un espacio para hablar de su sexualidad y ser escuchados.

“Es fundamental charlar de estos temas en ambientes de confianza, con los partenaires, con las parejas, en la intimidad. En el ámbito de la salud, conversar con los profesionales médicos, sexólogos y psicólogos. Ellos les darán una información precisa, que despeje fantasías o evaluarán una eventual condición o patología, como la depresión, que podría estar interfiriendo u obturando la posibilidad de ejercer una sexualidad satisfactoria”, concluyó la Lic. Utne.

Durante el congreso se prevé la participación de más de 10 mil asistentes de nuestro país y de la región, además de representantes de algunas de las sociedades científicas más prestigiosas del mundo, como el American College of Cardiology, la World Heart Federation, la American Heart Association, la Sociedad Europea de Cardiología, la Sociedad Española de Cardiología, la Sociedad Interamericana de Cardiología, la Sociedad Sudamericana de Cardiología, la Sociedad Brasileña de Cardiología, la Sociedad Paraguaya de Cardiología, la International Society of Cardiovascular Pharmacotherapy y la Sociedad Argentina de Medicina.

El foco del Congreso estará puesto en la enfermedad valvular, pero también se tratarán en profundidad temas relacionados con la prevención, la cardiología clínica, arritmias, imágenes, cardiología pediátrica, intervencionismo y cirugía.

Entre quienes asistirán, se encuentran médicos cardiólogos y de otras especialidades como clínicos, neurólogos y pediatras, enfermeros, técnicos, estudiantes y otros profesionales vinculados a la salud. A su vez, el encuentro contará con la participación de más de 50 disertantes extranjeros de países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, España, Italia, México, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Costa Rica, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay y Paraguay.

El Comité Organizador y el Comité Científico del Congreso están integrados, entre otros, por los doctores Ricardo A. Migliore (Presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología y del Comité Organizador), Ana Salvati (Vicepresidente 1º de la Sociedad Argentina de Cardiología y Presidente del Comité Científico), Eduardo Guevara (Coordinador General del Comité Científico), Luis E. Quintana (Vicepresidente 2° de la Sociedad Argentina de Cardiología), María Inés Sosa Liprandi (Secretaria Científica del Comité Científico) y Mariano Benzadón (Secretario Técnico del Comité Científico).

Para mayor información, por favor visitar: https://www.sac.org.ar/44-congreso-argentino-de-cardiologia/