Las transfusiones de sangre permiten salvar vidas y mejorar la salud. La necesidad de una transfusión puede surgir en cualquier momento, en las zonas tanto urbanas como rurales.

Cada año se recogen en el mundo 92 millones de unidades de sangre. Aproximadamente un 50% de esas donaciones corresponden a los países de ingresos altos, que solo representan un 15% de la población del planeta.

El hecho de que no haya sangre disponible para transfusión es causa de muerte y de sufrimiento para muchos pacientes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una base estable de donantes permite garantizar un suministro fiable y suficiente de sangre no contaminada.

Los donantes regulares, voluntarios y no remunerados son el grupo de donantes más seguros, puesto que son los que tienen la menor prevalencia de infecciones transmisibles por la sangre.

En los países de ingresos altos, las transfusiones se utilizan principalmente en apoyo de diversos tratamientos médicos avanzados e intervenciones quirúrgicas complejas, como las operaciones a corazón abierto o la traumatología. En los países de ingresos bajos y medios, en cambio, suelen utilizarse más en el tratamiento de las complicaciones relacionadas con el embarazo, el paludismo infantil con anemia grave o la traumatología.

Cada país debe asegurarse de que sus existencias de sangre son suficientes y no están contaminadas por VIH, hepatitis u otras infecciones que pueden transmitirse a través de las transfusiones.

Solo se puede asegurar un suministro suficiente de sangre no contaminada mediante la donación regular por voluntarios no remunerados, que son los que tienen la menor prevalencia de infecciones transmisibles por la sangre. La prevalencia de dichas infecciones es más elevada en las donaciones por familiares o allegados y en las hechas a cambio de dinero u otras formas de pago.

Antes de su transfusión, la sangre donada debe ser sometida siempre a pruebas de detección del VIH, las hepatitis B y C y la sífilis. Sin embargo, según el reporte de la OMS, en 39 países no toda la sangre donada es sometida a análisis de una o más de estas infecciones. Las pruebas no son fiables en muchos países por falta de personal, mala calidad de los kits, irregularidad del suministro o falta de servicios básicos de laboratorio.

Aproximadamente un 50% de esas donaciones corresponden a los países de ingresos bajos y medios, que, sin embargo, representan el 85% de la población del planeta. La tasa media de donaciones de sangre es unas 13 veces mayor en los países de ingresos altos que en los de ingresos bajos y medios.

A menudo se prescriben transfusiones sanguíneas a pesar de la existencia de tratamientos alternativos simples y seguros que pueden resultar igual de eficaces. En consecuencia, esas transfusiones puede ser innecesarias y exponen a los pacientes a un riesgo de infecciones y reacciones transfusionales graves.

Fuente: Organización Mundial de la Salud