Cansancio, malestar general, angustia, cambios de humor, insomnio y sensación de fatiga al momento de realizar tareas habituales, son algunos de los síntomas que produce la astenia primaveral, un trastorno que altera el estado físico y psíquico de muchas personas durante esta estación.

“La astenia primaveral no es una enfermedad. No hay una teoría que explique con criterios científicos por qué se producen estos cambios de ánimo, pero se sabe que dos de cada 10 personas los padecen. Quienes sufren enfermedades psiquiátricas (como depresión o bipolaridad) pueden ver exacerbados los síntomas de su patología durante esta época del año”, indica Fernando Taragano, psiquiatra y jefe de la sección de Enfermedades Neurocognitivas del  Departamento de Medicina del Instituto Universitario Cemic de Buenos Aires.

Por su parte, Sergio Czerwonko, médico gerontopsiquiatra e integrante del Instituto Kremer de Córdoba, explica que los cambios de temperatura, presión atmosférica, vientos, etc, provocan modificaciones biológicas. “Existen personalidades que pueden alcanzar tal grado de euforia que pueden incurrir, en primavera y verano, en excesos que suelen comprometer al patrimonio económico, al trabajo y a la familia”, afirma.

Aunque se desconocen las causas que originan este trastorno estacional, algunas investigaciones advierten que el origen de la astenia primaveral podría estar en el hipotálamo, una glándula endócrina que forma parte del diencéfalo y se sitúa debajo del tálamo.

El hipotálamo regula funciones relacionadas con el apetito y la saciedad, mantiene la temperatura corporal aumentando o disminuyendo la frecuencia respiratoria y la sudoración, y participa en la regulación de los ciclos de sueño y vigilia.

El aumento de la temperatura, las horas de luz solar y el cambio de horario que se producen como consecuencia del cambio estacional, generan una disfunción en la regulación hipotalámica que provoca un descenso de los niveles en sangre de varias hormonas tales como las feniletilaminas (encargadas de promover la euforia), las beta-endorfinas (responsables del optimismo vital) y las seotoninas (conocidas como hormonas de la felicidad). 

El sexo en primavera. En otros casos, el diagnóstico es sumamente optimista, ya que las temperaturas cálidas también aumentan la predisposición emocional y sensitiva de las personas. “No es casual que se relacione a las poblaciones de las zonas tropicales con una mayor actividad sexual”, asegura Taragano.

En este sentido, Czerwonko agrega que viajar desde un lugar cálido a uno frío puede deprimirnos. “Si estos cambios son extremos, se los denomina trastornos del ánimo con patrón estacional”, asevera.

Los cambios en la temperatura, la presión atmosférica y la sucesión de días con más calor y luz, producen un aumento de melatonina y feromonas, dos hormonas que estimulan la actividad sexual.

Por otro lado, la multiplicidad de colores que ofrece la naturaleza en primavera y los tonos vivaces de la ropa aumentan los estímulos visuales favoreciendo el despertar del deseo y las fantasías.

“Hay una vía neurológica que va desde la retina hasta el hipotálamo. En primavera, la luz moviliza la vía retino-hipotalámica y activa la eclosión hormonal”, asegura el especialista.

Taragano advierte que las mujeres son más propensas a percibir estos cambios y transitarlos con mayor intensidad tanto cuando se trata de angustias como de ebullición hormonal. 

 Consejos saludables. Una manera de contrarrestar el impacto de los cambios climáticos es llevar una vida saludable. Los expertos recomiendan:

  • Mantener horarios regulares de sueño, durmiendo al menos ocho horas diarias.
  • Nutrir el organismo con una dieta rica y equilibrada en proteínas, verduras y frutas.
  • Beber al menos dos litros de agua diarios.
  • Hacer actividad física, al menos media hora por día.
  • Evitar el consumo de sustancias tóxicas, bebidas alcohólicas y tabaco.
  • Consultar a un especialista.