El Aedes aegypti, transmisor de los virus del dengue, zika y chikunguña, se estaría adaptando al invierno porteño. Un estudio efectuado por investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA demostró que, durante la estación fría, casi la mitad de los huevos del mosquito puede eclosionar y producir larvas que pueden soportar las condiciones invernales y alcanzar el estado adulto.

Se sabe que los huevos del mosquito Aedes aegypti pueden sobrevivir hasta un año sin agua y, también, que son capaces de resistir bajas temperaturas. Hasta ahora, se pensaba que durante el invierno porteño los huevos permanecen en ese estado latente, aguardando la llegada de la primavera y, con ella, de las condiciones de temperatura y humedad adecuadas para eclosionar y dar origen a las larvas.

Sin embargo, un estudio que acaba de ser publicado en la revista científica Journal of Medical Entomology cuestiona ese paradigma y abre la posibilidad de que el mosquito transmisor de los virus del dengue, zika, chikunguña y fiebre amarilla se esté adaptando al invierno de la ciudad de Buenos Aires.

Nuestros experimentos muestran que durante el período invernal de Buenos Aires puede eclosionar más del 45% de los huevos. También observamos que las larvas pueden desarrollarse y alcanzar el estado adulto en una proporción significativa, algo que no esperábamos que suceda”, revela María Sol De Majo, primera autora del trabajo e integrante del Grupo de Estudio de Mosquitos (GEM) del Instituto de Ecología, Genética y Evolución, perteneciente a Exactas UBA y al CONICET.

El trabajo científico fue llevado a cabo durante el año 2013, desde mediados de junio hasta finales de septiembre. “Tomando en cuenta los registros del Servicio Meteorológico Nacional de los 18 años anteriores fue un invierno promedio, es decir, las temperaturas estuvieron dentro del rango habitual para la estación. Por lo cual, nuestros resultados son representativos del invierno de Buenos Aires”, señala De Majo.

Los experimentos se efectuaron “al aire libre” en el patio de una vivienda de Mataderos. Allí, los investigadores colocaron una estación meteorológica y evaluaron, semana a semana, la eclosión de los huevos y el desarrollo de las larvas en relación con la temperatura ambiente. “Hubo tres semanas en las que las temperaturas bajaron mucho y la eclosión de los huevos disminuyó un poco, pero nunca se detuvo”, advierte De Majo y añade: “Para nuestra sorpresa, durante el lapso que abarcó el estudio, las larvas no solo completaron su desarrollo hasta el estado adulto en un porcentaje significativo, sino que lo hicieron más rápido que lo que informan estudios previos efectuados dentro de un laboratorio”.

Los experimentos intentaron aproximarse lo más posible a las condiciones naturales en las que se desarrolla el mosquito Aedes aegypti durante el invierno porteño. No obstante, los investigadores aclaran que se debe tener en cuenta que los huevos se sumergieron todas las semanas en agua (algo que puede no ocurrir en épocas sin lluvias) y que las larvas no tuvieron limitaciones para acceder al alimento. “De todos modos, los altos porcentajes de eclosión y desarrollo larval que obtuvimos en nuestros experimentos nos hacen pensar que esto podría estar sucediendo en condiciones naturales reales”.

Otra limitación del estudio es que los experimentos se efectuaron en un solo lugar de la ciudad: “Pusimos estaciones meteorológicas en diferentes sectores de la ciudad y no encontramos diferencias significativas de temperatura con las del sitio de los experimentos”, justifica De Majo.

Para los investigadores, una pregunta que todavía queda por responder es si los mosquitos que alcanzan el estado adulto durante el invierno porteño se pueden reproducir: “Ahora vamos a evaluar si esos adultos pueden copular y dejar descendencia. Si esto fuera así, se estaría adelantando la temporada reproductiva”.

Por su parte, Sylvia Fischer, investigadora del CONICET y coautora del estudio, que también firma Pedro Montini, concluye: “La alta eclosión de huevos de Aedes aegypti a lo largo del invierno, así como la elevada supervivencia de las larvas durante los meses de junio, julio y agosto que observamos en nuestros experimentos, sugiere que la población local de estos mosquitos se estaría adaptando a las condiciones invernales de la Ciudad de Buenos Aires”. Y advierte: “Esto podría tener implicancias para la expansión de esta especie hacia zonas más frías del país”.

Fuente: nexciencia.exactas.uba.ar

Autor: 

Foto: Pedro Montini, Sylvia Fischer y María Sol de Majo. Foto: Diana Martínez Llaser. Exactas-Comunicación.