El trans resveratrol es un compuesto de origen vegetal presente en la piel de la uva, que demostró ser efectivo para combatir el estrés oxidativo, uno de los principales factores que intervienen en el proceso de envejecimiento. Un grupo de destacados expertos afirma que distintas investigaciones validan sus efectos positivos sobre trastornos del sistema circulatorio y del sistema nervioso, la obesidad, la diabetes, la prevención de la aterosclerosis, la salud ósea y la piel.

Ya está disponible en la Argentina un nuevo complejo antioxidante para combatir el envejecimiento producido por el estrés oxidativo. Este compuesto está basado en una sustancia de origen vegetal denominada trans resveratrol, y contiene también vitamina E, zinc, ácido lipoico y licopeno, todos con cualidades antioxidantes complementarias.

En conjunto, estos componentes combaten la oxidación dañina producida por los radicales libres, y previenen así el llamado “estrés oxidativo”, proceso en el que el organismo “envejece”. Un amplio número de investigaciones validan sus efectos positivos sobre los trastornos del sistema circulatorio y del sistema nervioso, la obesidad, la diabetes, la prevención de la aterosclerosis, la salud ósea y la piel.

Tal como lo explicó César Fraga, Investigador del Conicet y profesor de Fisicoquímica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA), “los antioxidantes cumplen su tarea bloqueando la acción destructiva de ciertas moléculas denominadas radicales libres”. Por esa razón, el nuevo complejo lanzado por el Laboratorio Microsules Argentina bajo la marca Vidamax SF 68®, ha sido formulado como una “red antioxidante”, en la que diferentes sustancias se combinan para disminuir la cantidad de radicales libres que se generan en el organismo y para prevenir el daño que producen. Su principal componente es el resveratrol, una molécula presente en algunas  variedades de plantas como parte de su sistema de defensa. El resveratrol pertenece a la familia de los polifenoles, y se encuentra en frutas y vegetales –principalmente la uva– y en sus productos derivados, como el vino.

Según Roberto Iermoli, Director Asociado de Docencia e Investigación del Hospital de Clínicas ‘José de San Martín’ (UBA) y Director de la 4ª Cátedra de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la UBA, “el resveratrol está en boca de todos: en marzo de 2013, el Hospital fue invitado a dar una conferencia –por segundo año consecutivo– en el marco de la reunión anual de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, para explicar las virtudes del resveratrol en la uva y en el vino”. Por su parte, Raúl Pastor –Jefe de la Sección “Polifenoles, Vino y Salud” que funciona dentro de la Cátedra dirigida por Iermoli–comentó que “es en el vino donde la concentración de esta molécula es más alta, y sólo el cacao posee cantidades relativamente cercanas, aunque menores”.

Los beneficios del resveratrol sobre la salud están siendo ampliamente documentados. “En la actualidad”, relató Pastor, “existen alrededor de 65 estudios clínicos en curso, que tienen como finalidad detectar la calidad de la ventaja que proporciona esta molécula”.

“Investigaciones ya realizadas demuestran la conveniencia de consumir una dosis de 50 mg diarios, y entre los beneficios reportados se señalan sus efectos positivos sobre los trastornos del sistema circulatorio y del sistema nervioso, la obesidad, la diabetes, la prevención de la aterosclerosis, la salud ósea y hasta en la piel”, explicó Iermoli, declarado ‘Médico del Año 2012’ por un destacado jurado convocado por la Revista Gracias Doctor.

Los radicales libres en el organismo

Las reacciones de oxidación son necesarias para el adecuado funcionamiento de nuestro organismo. Entre ellas, por ejemplo, podemos mencionar a la degradación de moléculas de glucosa para liberar energía, proceso que también se denomina “combustión”. Sin embargo, en un 2 a 4% de las reacciones de oxidación, participan moléculas altamente reactivas –denominadas “radicales libres”– que deterioran todas las estructuras y componentes de las células, como sus proteínas, lípidos y hasta el ADN, en un fenómeno conocido como “estrés oxidativo”. Así, este deterioro afecta la estructura y el funcionamiento de las células –tal como la corrosión deteriora el casco de un barco, o el chasis de un automóvil– y por eso, en conjunto, se dice que el organismo pierde vitalidad, o que “envejece”. A su vez, este deterioro se asocia con la destrucción de células en distintas localizaciones del organismo, y propicia –por ejemplo– el desarrollo de patologías vasculares o del sistema nervioso central, entre otras afecciones.

Alberto Boveris –Decano de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, y un reconocido pionero en la investigación sobre radicales libres– explicó que “los complejos antioxidantes reducen la cantidad de radicales libres en el organismo, y por eso previenen su efecto nocivo. El vínculo entre la oxidación por radicales libres y el envejecimiento fue comprobado en animales de laboratorio, en los que se observó que los animales más viejos contenían en su organismo mayor cantidad de desechos –restos de las moléculas deterioradas– producidos por esa oxidación”. En este contexto, combatir la acumulación de radicales libres es un desafío central en la agenda científica de quienes hacen ciencia aplicada a la salud.

“El interés por los radicales libres tuvo su origen en el descubrimiento de dos enzimas (la catalasa y la superóxido dismutasa), cuyo conocimiento permitió entender cómo algunos microorganismos viven en presencia de oxígeno mientras que otros lo hacen en ausencia o muy bajas cantidades de este gas”, destacó Boveris. Estas enzimas son vitales para todos los organismos que viven en presencia de oxígeno, ya que previenen el daño producido por los radicales libres. La superóxido dismutasa transforma el radical libre denominado ‘anión superóxido’ en una molécula de agua oxigenada, que luego la enzima catalasa se encarga de transformar en agua.

“En los años 60 se descubrieron estas enzimas en bacterias; en los años 70 se describieron en animales, y en los años 80 hubo una explosión en el interés por los radicales libres y los antioxidantes. Recién en 2000 hubo una racionalización de este furor y se abandonó la idea de suministrar ‘megadosis’ de antioxidantes como si fuera una panacea”, comentó Fraga. El entusiasmo inicial dio lugar a una visión mucho más moderada en la que además se reconoció –en palabras de Fraga– la existencia de “antioxidantes de efecto directo –que son aquellos que reaccionan directamente con los radicales libres y anulan su efecto nocivo– y antioxidantes de efecto indirecto, que son los que impiden la formación o acumulación de los radicales libres”.

En este contexto, el complejo Vidamax SF 68® -perteneciente a la categoría de los ‘suplementos dietarios’-, ha sido formulado como una red de antioxidantes que trabajan combinadamente. El licopeno, la vitamina E y el ácido lipoico funcionan como antioxidantes directos, mientras que el resveratrol lo hace tanto de modo directo como indirecto; en este último caso, estimulando la producción de una familia de proteínas denominadas sirtuinas, que protegen a las células contra el  envejecimiento.

Quién más investigó sobre el rol del resveratrol en la activación de las sirtuinas, fue David Sinclair de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, quien en 2003 observó que el resveratrol lograba modificar el metabolismo de las sirtuinas en las células, promoviendo varios cambios. Uno de esos cambios contribuye a proveer mayor energía a la célula, lo cual explicaría por qué en estudios de laboratorio los ratones tratados con resveratrol corrían el doble de rápido que los no tratados.

Finalmente, la incorporación del zinc a la formulación del nuevo complejo antioxidante obedece a que este mineral es un factor imprescindible para el correcto funcionamiento de un numero de enzimas, entre ellas la enzima superóxido dismutasa, encargada de depurar al organismo de los radicales libres.

 

Fuente: Microsules Argentina