El mayor factor predictivo de que un adulto tendrá hipertensión arterial es que la haya tenido cuando era niño.

Se calcula que 3 de cada 100 chicos presentan hipertensión arterial, uno de cada 7 prehipertensión y que 27 de cada 100 tienen padres hipertensos.

“Cuando detectamos a un niño hipertenso, es decir aquel con una presión arterial capaz de provocar daño en sus órganos, no sabemos cuánto tiempo ha pasado con hipertensión, explicó Augusto Gutiérrez, jefe del Servicio de Cardiología Infantil del Hospital Universitario Austral.

El desconocimiento tiene que ver con que la enfermedad en el niño no ocasiona ningún síntoma.

¿Cómo se define la HTA en un niño? Un niño tiene hipertensión cuando en tres consultas médicas separadas la presión arterial sistólica y/o la diastólica se encuentran por encima de lo indicado según sexo, edad y altura.

Muchas veces, los niños tienen la presión elevada debido al estrés en el consultorio. En caso de duda, la hipertensión puede evaluarse mediante un estudio de 24 horas: la presurometría o holter de presión. Si a través de este método más del 30% de los registros diurnos y/o nocturnos alcanzan valores bajos o altos de hipertensión, se puede confirmar o descartar la enfermedad.

Si la presión sistólica y/o la diastólica están elevadas, se considera que el niño es hipertenso y,  por lo tanto, tiene aumento del riesgo cardiovascular.

¿Por qué un niño puede tener hipertensión? Existen dos grupos diferentes de hipertensos en relación con los factores que intervienen. 

En el primer grupo, compuesto por la mayoría de los niños, están aquellos que padecen hipertensión primaria o esencial. Este grupo está integrado, en la mayoría de los casos, por en adolescentes con o sin sobrepeso.

En el segundo grupo se encuentran los niños con hipertensión secundaria por otras enfermedades, predominante en chicos por debajo de los 10 años.

Detección y tratamiento. Las recomendaciones actuales de las sociedades científicas indican que hay que tomarle la presión arterial, en las consultas pediátricas o cardiológicas de rutina, a todos los niños a partir de los 3 años.

Cuando la hipetensión es detectada y tratada precozmente mejora la función de las arterias y los órganos afectados y el daño puede revertirse, en muchos casos totalmente. Ésto se logra con objetivos de presión arterial, el cambio de hábitos y conductas de riesgo y, si es necesario, la toma de medicamentos.

Los medicamentos entran en escena si no se ha logrado bajar la presión luego 3 a 6 meses de cambio de hábitos y control de los factores de riesgo, o en los niños que llegan al consultorio con hipertensión arterial severa o que ya presentan daño de órganos.

“Es esencial saber que tanto el médico como el paciente son los responsables de conocer o no si sus arterias están sanas”, concluyó Gutiérrez.