Un equipo del Hospital Universitario de Manheim, Alemania, descubrió que los sueños son más “dulces” si una persona huele aromas agradables mientras duerme. Por el contrario, si el olor es desagradable, vendrán sueños poco gratos.

Los especialistas trabajaron con un grupo de mujeres que se ofreció a dormir y contar sus sueños. Primero, los investigadores pasaron por su nariz el aroma de rosas y, en otra jornada, las expusieron al olor de huevos podridos.

Los resultados fueron bastante contundentes: en el primer caso tuvieron sueños muy agradables, pero en el segundo vivieron experiencias nocturnas poco felices.

Para saber en qué momento exponer a las voluntarias al olor, los investigadores aprovecharon la tecnología para detectar la fase donde se dan la mayoría de los sueños (REM). En ese instante acercaron los diversos olores a su nariz y las despertaron un minuto después.

Sus sueños fueron muy diferentes según el aroma al que fueron expuestas, aunque ninguna recordaba haber olido algo.

Los autores de la investigación dijeron que es el primer estudio de este tipo y creen que los resultados podrán aprovecharse para crear nuevas terapias de sueño.