Las personas mayores con autismo tienen más probabilidades de desarrollar síntomas de Parkinson
Un estudio realizado con casi 57 millones de estadounidenses encontró una mayor frecuencia de temblores y dificultades de movimiento entre adultos de más de 45 años con esta condición. Los investigadores recomiendan realizar controles para detectar cambios en las capacidades motoras.
Las personas con autismo podrían presentar un mayor riesgo de desarrollar síntomas motores asociados con la enfermedad de Parkinson a medida que envejecen. Así lo indica una nueva investigación que encontró diferencias significativas en la frecuencia de temblores y problemas de movimiento entre adultos con y sin esta condición.
El estudio reveló que aproximadamente el 3,8% de las personas mayores de 45 años con autismo presentaba manifestaciones relacionadas con el parkinsonismo, frente a menos del 1,6% de quienes no tenían autismo ni discapacidad intelectual.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Autism y refuerzan la importancia de prestar atención a los cambios en la movilidad durante el envejecimiento de las personas autistas.
Un estudio con casi 57 millones de personas
Para realizar la investigación, científicos de la Universidad George Washington, en Estados Unidos, analizaron registros sanitarios de casi 57 millones de adultos de 45 años o más.
La información procedía de los programas Medicare y Medicaid y correspondía al período comprendido entre 2017 y 2019.
Los investigadores compararon la frecuencia de síntomas motores relacionados con el Parkinson entre personas con autismo, discapacidad intelectual, ambas condiciones y adultos que no presentaban ninguna de ellas.
Los resultados mostraron que las manifestaciones eran más frecuentes en todos los grupos con autismo o discapacidad intelectual.
Entre quienes tenían solamente autismo, la proporción alcanzó el 3,8%. En las personas con discapacidad intelectual fue del 4,3%, mientras que entre quienes presentaban ambas condiciones llegó a casi el 4,9%.
En comparación, menos del 1,6% de los adultos sin estas condiciones registró síntomas similares.
Qué diferencias encontraron los investigadores
Al ajustar los resultados según la edad y el tiempo de seguimiento, los científicos observaron diferencias todavía más claras entre los grupos.
Las tasas de síntomas motores fueron de 1.341 casos por cada 100.000 años-persona entre quienes tenían autismo y discapacidad intelectual.
En las personas con discapacidad intelectual solamente, la cifra fue de 1.017 casos, mientras que entre quienes tenían autismo sin discapacidad intelectual alcanzó los 977.
Por el contrario, en el grupo de comparación se registraron 234 casos por cada 100.000 años-persona.
Los años-persona son una medida estadística que combina la cantidad de participantes con el tiempo durante el cual estuvieron bajo observación.
Estas diferencias sugieren que determinadas condiciones del neurodesarrollo podrían estar relacionadas con una mayor frecuencia de alteraciones motoras durante la adultez.
Qué es el parkinsonismo
El parkinsonismo es un conjunto de síntomas que pueden incluir temblores, lentitud de movimientos, rigidez muscular y dificultades para mantener el equilibrio.
Aunque estas manifestaciones son características de la enfermedad de Parkinson, también pueden aparecer por otras causas, incluidos determinados medicamentos y otras enfermedades neurológicas.
Por ese motivo, presentar síntomas de parkinsonismo no significa necesariamente tener un diagnóstico de Parkinson.
Esta distinción resulta especialmente importante al interpretar los resultados del estudio, que analizó registros de manifestaciones motoras y no estableció que todas las personas afectadas desarrollaran la enfermedad neurodegenerativa.
Los investigadores también señalaron que algunas personas con autismo pueden experimentar dificultades de coordinación y movimiento desde etapas tempranas de la vida.
Sin embargo, los resultados sugieren que los síntomas identificados durante la adultez no pueden atribuirse únicamente a esas características preexistentes.
La importancia de controlar los cambios motores
Greg Wallace, profesor de Ciencias del Habla, Lenguaje y Audición de la Universidad George Washington y autor principal de la investigación, destacó que los resultados se suman a la evidencia sobre una mayor frecuencia de parkinsonismo entre adultos autistas.
Según explicó, los hallazgos muestran la necesidad de distinguir las dificultades motoras que una persona presenta habitualmente de aquellas que aparecen o se intensifican con el paso de los años.
“Es importante que los médicos establezcan líneas de base claras de habilidades y desafíos motores durante la adultez que puedan ser monitoreadas a lo largo del tiempo”, señaló Wallace.
Esta estrategia permitiría reconocer cambios en la coordinación, la velocidad de los movimientos o la aparición de temblores que requieran una evaluación neurológica.
Los especialistas consideran que el seguimiento resulta particularmente relevante durante la mediana edad y la vejez.
El posible efecto de algunos medicamentos
Otro aspecto analizado fue la influencia de los tratamientos farmacológicos.
Algunos medicamentos utilizados en determinadas situaciones clínicas, como los antipsicóticos, pueden provocar efectos secundarios que se asemejan a los síntomas de la enfermedad de Parkinson.
Por ese motivo, los investigadores evaluaron si las diferencias encontradas podían explicarse por el uso de estos fármacos.
Los resultados mostraron que, incluso después de considerar los medicamentos recetados, las personas con autismo continuaban presentando una mayor frecuencia de síntomas motores.
Sin embargo, los autores destacaron que los profesionales deben revisar los tratamientos de cada paciente para identificar posibles efectos adversos.
La presencia de temblores o rigidez no debe interpretarse automáticamente como una enfermedad neurodegenerativa, ya que puede responder a distintas causas.
Qué falta investigar
Aunque el estudio identificó una asociación importante, sus resultados no demuestran que el autismo provoque la enfermedad de Parkinson.
Tampoco permiten establecer cuáles son los mecanismos biológicos que podrían explicar la mayor frecuencia de síntomas motores.
Los investigadores consideran necesario realizar nuevos estudios para determinar a qué edades comienzan a aparecer estas manifestaciones y qué factores permiten anticipar su desarrollo.
También será importante distinguir con mayor precisión los casos de enfermedad de Parkinson de otras causas de parkinsonismo.
Por ahora, los hallazgos refuerzan la necesidad de incorporar la evaluación de las capacidades motoras al seguimiento de salud de los adultos con autismo.
Detectar cambios tempranos podría facilitar la identificación de problemas neurológicos y permitir una atención más adecuada durante el envejecimiento.
