Madrugadores y personas activas tendrían menor riesgo de ELA

Madrugadores y personas activas tendrían menor riesgo de ELA

Un estudio con más de 500.000 adultos halló que levantarse temprano, dormir entre seis y ocho horas y mantener actividad física regular se asocia con menos probabilidades de desarrollar esclerosis lateral amiotrófica.

Las personas que prefieren madrugar y quienes mantienen niveles más altos de actividad física podrían tener un menor riesgo de desarrollar esclerosis lateral amiotrófica (ELA), según un estudio que será presentado en la próxima reunión anual de la Academia Americana de Neurología.

La ELA —también conocida como enfermedad de Lou Gehrig— es un trastorno neurodegenerativo progresivo que destruye las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal, provocando pérdida del control muscular, parálisis y, en la mayoría de los casos, la muerte entre dos y cinco años después del diagnóstico.

Seguimiento durante 14 años

El estudio incluyó a más de 502.000 personas con una edad promedio de 57 años, reclutadas entre 2006 y 2010 y seguidas durante una media de 14 años.

Durante ese período, 675 participantes (0,14%) desarrollaron ELA.

En función de cuestionarios sobre hábitos de sueño:

  • Más de 277.000 fueron clasificados como madrugadores.
  • Más de 166.000 fueron considerados noctámbulos.
  • El resto no encajó claramente en ninguna categoría.

20% menos riesgo en madrugadores

Tras ajustar por otros factores de riesgo, los investigadores encontraron que los madrugadores tenían un 20% menos riesgo de ELA en comparación con los noctámbulos.

Los madrugadores suelen acostarse y despertarse temprano y alcanzan su mayor productividad en las primeras horas del día, mientras que los noctámbulos prefieren horarios más tardíos.

El Dr. Hong-Fu Li, neurólogo de la Universidad de Zhejiang, explicó que un horario alineado con los ciclos naturales de luz podría desempeñar un papel en la protección neurológica.

Dormir entre seis y ocho horas

La duración del sueño también mostró una relación significativa.

Las personas que dormían entre seis y ocho horas por noche presentaron menor riesgo de ELA que aquellas que dormían menos o más tiempo, lo que sugiere que tanto la privación como el exceso de sueño podrían asociarse con mayor vulnerabilidad.

Actividad física y menor riesgo

El análisis también reveló que los participantes con mayores niveles de actividad física tenían un 26% menos riesgo de desarrollar ELA en comparación con los menos activos.

Si bien investigaciones previas han vinculado el sueño adecuado y el ejercicio con menor riesgo de otras enfermedades neurodegenerativas, los resultados en ELA habían sido inconsistentes hasta ahora.

Hallazgos preliminares

Los autores subrayan que los datos serán presentados en una reunión científica y deben considerarse preliminares hasta su publicación en una revista revisada por pares.

Aun así, los resultados refuerzan la hipótesis de que hábitos de vida saludables —alineación del sueño con los ciclos naturales y actividad física regular— podrían formar parte de estrategias preventivas frente a enfermedades neurodegenerativas raras como la ELA.

Aunque se necesita más investigación para confirmar estas asociaciones, el estudio aporta nueva evidencia sobre el posible impacto del estilo de vida en el riesgo neurológico a largo plazo.

Redacción Latam

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