¿Qué implica exponer a nuestros hijos ante el gran ojo de las redes sociales?

En un escenario de estrellato de las redes sociales, en donde compartimos fotos, momentos e ideas en el torrente virtual, es común publicar fotos de los hijos en situaciones cotidianas.


Este fenómeno actual conocido técnicamente como “sharenting”, término que proviene de conjunción de las palabras “share” (compartir en inglés) y “parenting” (paternidad en esa lengua), crece y se torna una práctica muy común entre padres. Según un estudio realizado por la compañía de ciberseguridad McAfee, un 30% (tres de cada diez progenitores) publica al menos una vez al día imágenes o videos en los que aparecen sus hijos, a través de sus perfiles personales en las redes sociales.


Esta práctica que permite a los orgullosos padres mostrar tanto los logros, ocurrencias o el día a día de sus hijos, parece contagiar y alentar a otros a hacer lo mismo. “Surge como una moda, en primer lugar, de compartir la crianza de los hijos, las experiencias, las vivencias que tienen como papás” explica Lucía Da Silva Santos, coordinadora del programa Navegación Segura por Internet, de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba, Argentina. “Luego se transforma en esta sobreexposición que de alguna manera afecta la construcción de la intimidad del menor, su privacidad e incluso, en algunos casos, peligra la seguridad personal”.

Una huella digital

Cuando la intimidad familiar del seno de lo privado se transfiere a un espacio social, y por ende público, como consecuencia se sumerge también una zona delicada, rozando los riesgos que la exposición implica. “Muchas veces los papás, los adultos y la sociedad en general tienen una confusión: parece que el plano digital es un plano virtual como le llamamos, lo que nos hace pensar que es un plano de irreal. Pero tenemos que hacer mucho hincapié en que lo que sucede en el plano digital como lo que sucede en el plano físico, ya que todo, absolutamente todo, afecta nuestra vida real”, explica Da Silva. “Es algo muy importante porque después todas estas imágenes, toda esta información que como papás vamos cargando de nuestros hijos a internet, es un contenido del cual perdemos el control para siempre y es muy difícil eliminar contenido de internet” alerta la Lucía y recomienda “tener presente que con cada posteo nosotros estamos marcándole una huella digital a nuestros hijos y no sabemos qué van a pensar ellos el día de mañana: tal vez nos puedan reprochar, tal vez puedan sentir vergüenza, tal vez puede afectarlos porque puede ser el motivo por el que el día de mañana sean víctimas de cyberbullying”, término que hace referencia a la violencia que se ejerce por medio de las redes sociales.


En esta práctica que muchas veces los padres naturalizan, se exhiben a los demás imágenes que pertenecen exclusivamente a la privacidad de los menores: “exponen sistemáticamente a sus hijos con fotos a veces desnudos, semidesnudos, cuando los están bañando, cuando les están cambiando el pañal, en muchísimas situaciones que realmente hacen a la intimidad del menor”, afirma Da Silva.


“A la hora de querer compartir esa experiencia de ser padres, los papás no tienen en cuenta la obligación y responsabilidad parental que tienen de ejercer en nombre de los niños el derecho a la privacidad de esos menores, el derecho a la intimidad de esos menores, y ahí es donde se produce esta contraposición de intereses, entre el interés que puedo tener como papá de querer publicar o compartir mi experiencia de padre y la obligación que tengo de respetar la imagen, el derecho a la intimidad de mis hijos” explica la especialista. La información que subimos a la red perdura en ella como un historial de vida, lo que “puede afectar en su futuro laboral, en su futuro personal”, añade.

Del otro lado de la pantalla

Si bien es cierto que existen distintos tipos de sharenting y con diferentes “cuidados” sobre lo que se expone, como los casos en los que se censuran partes íntimas del cuerpo de los niños, o cuando se limitan las fotos a un grupo de contactos específico, de todos modos estamos frente a una exteriorización de lo reservado para la familia a la mirada de otros y de quienes tienen acceso a la información que circula en el flujo de la red. Y como comprobamos con distintos y famosos casos, todo lo que cargamos a internet se libera en una suerte de conducto ciego en donde otros personajes pueden introducirse violando ciertas impermeabilidades, tales como la privacidad de una cuenta. Libramos así imágenes e información a un ojo ciego de quien puede y tiene la casualidad o destreza de alcanzarla, más allá de nuestros conocidos y familiares.


“El sharenting de alguna manera afecta la seguridad familiar, afecta el entorno familiar. A veces no somos conscientes de que cada vez que posteamos la foto de nuestro nene cuando va al club estamos diciendo a qué club va, en qué horarios está en ese club, dónde queda el club” de la misma manera cuando añadimos información con ciertos elementos como el uniforme escolar, referencias que Da Silva denomina “datos sensibles” ya que “hay acosadores, hay groomers del otro lado de la pantalla que están a la espera de tener esa información, entonces como papás debemos preservarla, debemos cuidarla, ya que no conocemos los riesgos, las consecuencias, las problemáticas que van surgiendo en internet”. Justamente la figura de groomer nace a partir de que los menores tienen acceso a las redes o son expuestos en ellas y hace referencia a todas las conductas o acciones que lleva a cabo un adulto para ganarse la confianza de un menor con el objetivo de propiciar un abuso sexual.

Protegerlos

En la balanza entre el deseo de los padres de compartir imágenes de sus hijos y los derechos de los niños a su intimidad, el equilibrio debe venir de la mano de la responsabilidad y la concientización “toda esta información son datos personales que estamos obligados a resguardar de nuestros niños y que son datos sensibles” dice Da Silva, profesional a cargo de la fuerte campaña que lleva la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Córdoba, que persigue sensibilizar sobre este fenómeno para que se conozcan los riesgos que presenta internet porque “si no conocemos es imposible que podamos cuidar a nuestros hijos”.


El ejercicio será entonces para los padres de detenerse un momento antes de publicar un contenido, lanzándolo a la suerte a un espacio de otros, de lo público y lo desconocido, para analizar y decidir cuándo es conveniente hacerlo y cuándo es mejor resguardarlo para la intimidad de la familia, midiendo y controlando lo que se sube, al tiempo que prestando atención a la información que estamos ofreciendo dentro de una imagen.