Las actividades escolares y extraescolares suelen dejar expuestos ciertos problemas de visión que pueden tener los niños, que son relativamente frecuentes y que por esa razón cada vez se conocen y se buscan más.

De hecho, se volvió muy habitual que desde los colegios, antes de empezar las clases, se solicite a los padres la presentación de un “apto” por parte del oftalmólogo, a fin de certificar que el niño no padece problemas de vista que puedan comprometer su aprendizaje.

“Durante los primeros 10 ó 12 años de vida, el 80 % de todo lo que un niño aprende ingresa por los ojos, debido principalmente a que la visión es el sentido que permite acumular conocimiento más fácilmente. Esta condición es, a su vez, la causa por la cual la mayoría de los contenidos educativos están pensados para la vista”, refirió el doctor Ramiro Diez Olea, especialista en Salud Visual Infantil.  

Es muy común que tanto los padres como los maestros atribuyan cierto bajo rendimiento a los problemas de aprendizaje, cuando en realidad lo que puede estar ocurriendo es que el niño tiene un problema de visión que no le permite rendir igual que sus compañeros.
“La ecuación es simple: cuando un niño no ve bien, no aprende bien”, agregó Hugo Daniel Nano, integrante del Instituto de Ojos.

Por eso, aunque el colegio no exija la presentación de un certificado, los padres los que deben estar atentos para poder identificar ciertos signos de alarma. Si éstos se presenten, hay que recurrir al especialista para que, mediante un examen ocular, pueda identificar cuál es el problema y tratarlo lo antes posible.

Un diagnóstico temprano aumenta considerablemente las posibilidades de recuperación y evita el deterioro de la vista.

Patologías más frecuentes.  En la edad escolar uno de los problemas más frecuentes -que, no obstante, puede ser corregido si se descubre y trata a tiempo- es la ambliopía, también conocida como “ojo perezoso”.

“La ambliopía es la disminución de la agudeza visual en uno o ambos ojos, sin que exista una lesión orgánica. Esto significa que no hace falta que el niño haya padecido algún golpe, y que no es necesario advertir a simple vista alguna lesión ocular”, detalló el oftalmólogo.

Existen diferentes tipos de ambliopías, pero su origen (en todos los casos) se debe a problemas en el desarrollo del sentido de la vista y los órganos involucrados en el mismo.

Este proceso de desarrollo, al cual se lo conoce como período de plasticidad neurosensorial, suele extenderse hasta los 7 u 8 años. Una vez concluido, la posibilidad de reversión de una ambliopía se vuelve más compleja y a veces imposible.

“La ambliopía, que no tiene que ver con los antecedentes familiares aunque sí las causas que la predisponen, comienza alrededor de los 2 meses, razón por la cual es muy importante ‘ir a buscarla’ en los jardines de infantes para recetar anteojos a tiempo y evitar problemas mayores”, sostuvo María Fernanda Puccio, oftalmóloga del Hospital Universitario Austral (HUA).

“En los niños en edad escolar y pre-escolar es posible detectar estas patologías y, por ende, tratar la causa subyacente, así como también realizar el tratamiento de apoyo con parches y gotas. Lo importante es que con esas medidas, aún teniendo ‘ojo cansado’, es posible recuperar gran parte de la visión o en el mejor de los casos llegar antes de que se haya generado la ambliopía”, agregó Puccio.

Signos de alarma.  Es posible sospechar que algo pasa si un niño:

– Parpadea o se frota los ojos excesivamente.

– Se inclina hacia delante al fijar la vista.

– Entrecierra los ojos para mirar.

– Sufre dolores de cabeza, mareos y nauseas frecuentes.

– Al leer se acerca demasiado al texto.

– Tiene los ojos enrojecidos luego de fijar la vista.

– Desvía alguno de los ojos.

– Sufre o manifiesta pérdida de la atención e incapacidad para aprender y focalizarse en las tareas.

Fuente: www.neomundo.com.ar