Diez años después del ataque a las Torres Gemelas, las cifras del gobierno de Estados Unidos dan cuenta de múltiples trastornos de salud, consecuencia de la nube de polvo ocasionada por el desplome.

Partículas tóxicas. La cifra de pacientes -publicada por el programa para seguimiento y tratamiento de los trabajadores de rescate, voluntarios y residentes locales del 11 de septiembre- da cuenta de más de 18 mil personas que siguen en tratamiento por problemas de salud, principalmente enfermedades respiratorias vinculadas a la nube de partículas tóxicas.

Las partículas de polvo contenían toxinas y carcinógenos como el benceno, el amianto, la dioxina, el plomo, hidrocarburos aromáticos policíclicos , fibras de vidrio, ácido clorhídrico, bifenilos policlorados, productos químicos cáusticos, concreto y mercurio.

Daño pulmonar. Uno de los efectos más perjudiciales es un trastorno llamado fibrosis intersticial. El trastorno provoca la pérdida de la capacidad para intercambiar oxígeno y dióxido de carbono. Los pulmones comienzan a formar una cicatriz en el interior hasta que es imposible respirar.

Cáncer. La exposición a los tóxicos que se diseminaros tras el atentado también elevó el riesgo de contraer cáncer entre las personas que trabajaron en las labores de rescate. Según los estudios, la incidencia de cáncer entre los implicados en las labores de recate fue mayor a la de la población general (263 frente a 238 casos).

Salud mental. Un equipo de investigadores de la Mount Sinai Medical Centeridentificó importantes problemas de salud mental en más de 9 mil  trabajadores sanitarios y personal de rescate. El análisis observó una alta incidencia de enfermedades como trastorno de estrés postraumático, depresión y reflujo gastroesofágico.