Prácticas como el spa han pasado del tópico de “belleza” al de “salud”. Un estudio realizado en Europa muestra que el estrés laboral puede llegar a costarle a la economía de cada país hasta casi un 4% de su producto bruto. En la Argentina, un 35% de los empleados asegura haber sufrido las consecuencias del agotamiento laboral.

El ritmo laboral exagerado tiende a naturalizarse y no se reconoce como tal. En estos casos ocurre una suerte de sobreadaptación de las personas dejándolas más expuestas a sufrir enfermedades somáticas e incluso accidentes. Hay quienes terminan viviendo su trabajo como una suerte de verdadera tortura, aun cuando sea la profesión y el destino que una vez eligieron con auténtica vocación.

Según datos de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que realizó un estudio global para evaluar los costos que para la sociedad representan todas las enfermedades relacionadas con el trabajo, las afecciones vinculadas al estrés laboral representan entre el 2,6 y el 3,8 por ciento del Producto Bruto Interno en países europeos, lo que representa entre 185.000 y 269.000 millones de euros anuales para el conjunto de los 15 estados miembros. Este ha sido un excelente argumento para quienes propugnan la idea de que sean más frecuentes y habituales las pausas laborales: que durante el día (como sucede en Argentina con la costumbre de la siesta) o en medio de una semana, los trabajadores tengan la posibilidad de despejarse del hastío y el displacer que trabajar desmedidamente acarrea.

“En función de hacer más agradable el lugar de trabajo ya hay muchas empresas e instituciones que trabajan por la obligatoriedad del establecimiento de políticas preventivas de todas estas circunstancias. Es importante que se hagan pausas durante el día de trabajo porque esto permite pensar en otra cosa y luego retomarlo renovado”, asegura Olga Cartañá, psicoanalista y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Combos relax

Hay empresas que, a su manera, se han hecho eco de esta necesidad, y una de las modalidades más curiosas que aparecen al respecto es la de llevan a sus empleados a un spa. Allí ellos intercambian ideas y se relajan, mientras que la empresa fideliza a su personal y se les presentan productos o proyectos. Siempre y cuando, desde luego, a tales pausas laborales se les sumen una paga adecuada, la exigencia laboral esté acorde a las posibilidades y capacidades del trabajador, haya recompensas por un trabajo bien hecho y se dé capacitación constante.

Recientemente, un estudio llevado adelante por el Grupo Rhuo sobre un total de 600 empleados argentinos señaló que el 35% aseguró haber padecido alguna afección vinculada al estrés laboral. La falta de tecnología, el exceso de reuniones, el mal clima laboral y la burocracia estuvieron entre los principales estresores.

“Desgraciadamente, en muchas empresas y organizaciones aún persiste la idea de un trabajador esclavo y existen abusos. Es frecuente que se busque dar lo mejor para la gente más capacitada y al resto se lo deje de lado”, sostiene la psicoanalista.

Síntomas del exceso laboral

El estrés laboral se manifiesta a nivel físico y psicológico esto es a través de la aparición de la hipervigilancia, el insomnio, la alteración del apetito, de la sexualidad, cuadros de ansiedad, angustia, dificultad para respirar, alteración del tránsito intestinal, taquicardias y palpitaciones, cefaleas, labilidad emocional, cansancio, apatía e irritabilidad. También aparecen alteraciones de la memoria, desconcentración, contracturas, incapacidad para tomar decisiones, sentimientos depresivos y una caída brusca de la resistencia inmunológica frente a enfermedades infecciosas y también del cáncer.

“Es fundamental hacer pausas para cortar el circuito de sobreactivación psicofísica, producto de la presión y permitir a la persona volver a sí. Si además los recreos se acompañan de respiraciones, estrategias destinadas a la autorrelajación, y la comunicación con un compañero, que son alguna de las condiciones para romper la monotonía y la rutina fomentando la creatividad, el estrés en vez de incrementarse se trasformará en bienestar”, asegura Elsa Wolfberg, psiquiatra y presidenta del Capítulo de Psiquiatría Preventiva de APA.

Un gran desafío, entonces, sería el convencimiento de las empresas, organizaciones e instituciones de que un trabajador con distrés tendrá peor rendimiento por la fatiga sin atenuar, estará más proclive a enfermarse, a faltar o a accidentarse, aumentará a su vez el consumo de cigarrillos, de alcohol y la ingesta de comida, lo cual le generará obesidad. También es altamente probable que se inicie en el consumo de psicofármacos y por consiguiente generará gastos médicos y gastos de improductividad que costarán caro a la compañía o entidad laboral.

Informe: María Carolina Stegman

Fuente: Castropol Comunicaciones