Artrosis de rodilla, cómo reconocer los síntomas y cuáles son los tratamientos más efectivos
El dolor al caminar, la rigidez y las dificultades para subir escaleras pueden ser señales de esta enfermedad que afecta a millones de personas.
La artrosis de rodilla es una de las enfermedades articulares más frecuentes y una causa habitual de dolor y limitaciones para realizar actividades cotidianas. Aunque suele asociarse con el envejecimiento, sus consecuencias van más allá del desgaste natural de las articulaciones.
Según estimaciones internacionales, la artrosis afecta a unos 528 millones de adultos en todo el mundo. La enfermedad compromete no solamente el cartílago y los huesos, sino también los ligamentos, tendones y músculos que rodean la articulación.
Jean Liew, profesora asistente de Medicina y especialista en Reumatología de la Facultad de Medicina Chobanian & Avedisian de la Universidad de Boston, explicó cuáles son las principales señales de alerta y las alternativas terapéuticas respaldadas por la evidencia científica.
Cuáles son los síntomas más frecuentes
Las primeras manifestaciones suelen aparecer durante actividades habituales, como caminar, levantarse de una silla o subir y bajar escaleras.
Con el tiempo, el dolor puede volverse más persistente y presentarse en episodios de mayor intensidad, conocidos como brotes.
La rigidez, la pérdida de movilidad y las dificultades para realizar tareas cotidianas también son motivos frecuentes de consulta.
El diagnóstico suele realizarse mediante la evaluación clínica. En determinados casos, los profesionales pueden solicitar radiografías o resonancias magnéticas, aunque estos estudios no siempre son necesarios.
Un aspecto importante es que las imágenes no reflejan necesariamente la intensidad de los síntomas. Algunas personas presentan un deterioro avanzado del cartílago y, sin embargo, experimentan poco dolor.
También es necesario distinguir la artrosis de la artritis reumatoide, una enfermedad inflamatoria relacionada con alteraciones del sistema inmunitario que requiere tratamientos diferentes.
El ejercicio es una de las principales herramientas
Aunque no existe una cura definitiva para la artrosis, diferentes tratamientos pueden aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
Entre las recomendaciones más importantes se encuentra la actividad física.
La especialista destacó que caminar, fortalecer los músculos y mantener la movilidad ayudan a conservar la capacidad de realizar actividades cotidianas.
Las recomendaciones generales de salud establecen como objetivo realizar 150 minutos semanales de ejercicio moderado. Sin embargo, las personas con artrosis pueden necesitar comenzar con períodos más cortos y aumentar progresivamente la actividad.
La fisioterapia también cumple un papel importante. Los ejercicios de fortalecimiento, flexibilidad, equilibrio y resistencia pueden ayudar a disminuir las molestias.
En determinados casos, el uso de rodilleras, bastones o vendajes funcionales permite distribuir mejor las cargas sobre la articulación.
El peso corporal también influye
El exceso de peso es uno de los factores que pueden aumentar la presión sobre las rodillas.
Por ese motivo, en personas con sobrepeso u obesidad, la reducción de peso puede contribuir a disminuir el dolor y mejorar la función articular.
Investigaciones recientes también analizaron los posibles beneficios de medicamentos para bajar de peso, como la semaglutida, en pacientes con artrosis.
Algunos ensayos clínicos encontraron mejoras en el dolor y la movilidad, aunque todavía se necesitan más datos sobre sus efectos a largo plazo.
La especialista señaló que el abordaje debe adaptarse a las condiciones y necesidades de cada persona, combinando actividad física, control del peso y otras alternativas cuando sea necesario.
Qué medicamentos pueden aliviar el dolor
Los antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno y el naproxeno, se encuentran entre los tratamientos recomendados para controlar los síntomas.
Sin embargo, no todas las personas pueden utilizarlos, especialmente quienes presentan determinadas enfermedades cardíacas, renales o problemas gastrointestinales.
En esos casos, pueden considerarse medicamentos de aplicación local, como el diclofenaco en gel, que tiene una menor absorción sistémica que los antiinflamatorios orales.
También existen otras alternativas tópicas, como la capsaicina y la lidocaína, que pueden resultar útiles para determinados pacientes.
Cuando estas opciones no proporcionan suficiente alivio, los médicos pueden evaluar infiltraciones de corticoides dentro de la articulación.
Estas inyecciones pueden disminuir el dolor temporalmente, aunque deben utilizarse bajo supervisión profesional y considerando sus posibles riesgos.
En personas con molestias persistentes, también puede evaluarse la duloxetina, un medicamento utilizado para tratar determinados cuadros de dolor crónico.
Cuándo puede ser necesaria una cirugía
La colocación de una prótesis de rodilla puede considerarse cuando el dolor continúa afectando significativamente la calidad de vida a pesar de haber probado tratamientos no quirúrgicos.
La decisión debe contemplar las preferencias del paciente, su estado general de salud y la posibilidad de realizar rehabilitación después de la intervención.
La especialista también advirtió que algunas cirugías utilizadas anteriormente no ofrecen beneficios claros para quienes presentan artrosis.
Por ejemplo, un ensayo clínico publicado en The New England Journal of Medicine encontró que la meniscectomía parcial artroscópica, una intervención para retirar parte del menisco, no obtuvo mejores resultados a largo plazo que la fisioterapia.
Por ese motivo, esta operación no se recomienda de manera habitual para tratar la artrosis de rodilla.
Qué ocurre con los suplementos y las terapias alternativas
Muchas personas recurren a suplementos o tratamientos complementarios para aliviar las molestias articulares.
Sin embargo, las guías clínicas desaconsejan determinadas opciones porque los estudios no demostraron beneficios superiores a los del placebo.
Entre ellas se encuentran las inyecciones de ácido hialurónico, la glucosamina, la condroitina y determinados suplementos de vitamina D o aceite de pescado.
Otras intervenciones, como el plasma rico en plaquetas y las terapias con células madre, todavía no cuentan con evidencia suficiente para recomendar su utilización habitual.
En cambio, actividades como yoga, taichí y algunas técnicas de relajación pueden complementar los tratamientos convencionales.
Para determinados pacientes con dolor persistente también existe la posibilidad de utilizar ablación por radiofrecuencia, un procedimiento destinado a reducir la transmisión de señales dolorosas.
La importancia de un tratamiento personalizado
La alimentación también puede contribuir al cuidado general de las personas con artrosis.
Una dieta equilibrada, como la mediterránea, puede resultar beneficiosa para la salud cardiovascular y el control del peso.
Además, algunos estudios encontraron asociaciones entre una alimentación baja en fibra y una mayor intensidad del dolor de rodilla.
Sin embargo, la especialista recordó que ninguna intervención aislada funciona para todos los pacientes.
El tratamiento debe establecerse según la intensidad de los síntomas, las enfermedades preexistentes y las actividades que cada persona desea recuperar o mantener.
La combinación de ejercicio adaptado, fisioterapia, control del peso y medicamentos cuando están indicados constituye la base del abordaje.
El objetivo no es solamente disminuir el dolor, sino también conservar la independencia, mejorar la movilidad y evitar que las limitaciones articulares afecten progresivamente la vida cotidiana.
