La soledad es una crisis sanitaria, pero los médicos no pueden resolverla por sí solos
Un análisis plantea que combatir el aislamiento requiere también políticas públicas y cambios en la vida comunitaria.
La soledad y el aislamiento social están cada vez más vinculados con problemas de salud y un mayor riesgo de muerte prematura. Sin embargo, convertirlos en un problema exclusivamente médico podría limitar las posibilidades de encontrar soluciones, según un nuevo análisis publicado en la revista Social Problems.
La falta de conexión social se ha relacionado con un aumento cercano al 30% en el riesgo de muerte prematura y, según investigaciones previas citadas por los autores, sus efectos sobre la salud pueden ser comparables a los asociados con fumar 15 cigarrillos por día.
Pero los investigadores sostienen que una consulta médica difícilmente pueda resolver las causas que llevan a una persona a quedar aislada.
Un problema que excede a la medicina
Para el análisis, la investigadora Sofia Hiltner, de la Universidad de Michigan, entrevistó a especialistas y revisó más de una década de artículos periodísticos, investigaciones académicas y publicaciones científicas sobre soledad y aislamiento social.
Según su análisis, estas situaciones comenzaron a ser consideradas un problema de salud pública con mayor intensidad a medida que se acumuló evidencia sobre su relación con enfermedades y mortalidad.
El problema aparece cuando esa asociación lleva a suponer que la solución también debe provenir exclusivamente del sistema sanitario.
Los médicos pueden detectar situaciones de aislamiento, orientar a los pacientes y conectarlos con determinados servicios, pero tienen un margen limitado para modificar las condiciones sociales que generan la soledad.
Más allá del consultorio
Entre esas condiciones pueden encontrarse la pérdida de vínculos, la falta de actividades comunitarias, determinadas condiciones laborales o la ausencia de espacios que favorezcan la interacción social.
Por eso, Hiltner plantea que las políticas públicas deberían abordar las causas del aislamiento antes de que sus consecuencias lleguen al sistema de salud.
El análisis también señala que la propia comunidad médica inicialmente mostró resistencia a incorporar la soledad dentro del campo sanitario. El vínculo entre aislamiento, enfermedad y mortalidad fue impulsado posteriormente por investigadores, organismos públicos y compañías de seguros.
La solución necesita a toda la comunidad
Para la investigadora, reconocer los efectos de la soledad sobre la salud puede ayudar a generar más recursos y atención sobre el problema, pero también existe el riesgo de «medicalizarlo» y dejar de lado otras herramientas.
Las políticas sociales, los espacios comunitarios y las condiciones de vida pueden tener un papel central en la prevención del aislamiento.
La conclusión del análisis es que la atención sanitaria puede formar parte de la respuesta, pero no alcanza por sí sola para reconstruir los vínculos sociales ni modificar las condiciones que llevan a una persona a quedar aislada.
