Sonreírles a los bebés podría ayudarlos a aprender a regular sus emociones
Cuando la sonrisa era compartida con su cuidador, se observaron cambios fisiológicos vinculados con la adaptación emocional.
Las sonrisas que intercambian los bebés con sus padres y cuidadores podrían cumplir una función que va más allá del vínculo afectivo. Dos nuevos estudios sugieren que estos momentos de interacción positiva están relacionados con el desarrollo de la regulación emocional.
Una de las investigaciones encontró cambios en la frecuencia cardíaca asociados con esta capacidad solamente cuando el bebé y su cuidador sonreían al mismo tiempo. Si uno de los dos sonreía y el otro no correspondía, el efecto no aparecía.
Los trabajos, realizados por investigadores de la Universidad de Miami, en Estados Unidos, fueron publicados en Philosophical Transactions of the Royal Society B.
Qué ocurre cuando ambos sonríen
Para el primer estudio, los investigadores analizaron a casi 1.000 bebés de cuatro meses mientras interactuaban con sus madres.
Los pequeños tenían electrodos colocados en el pecho y el abdomen para registrar los cambios de su frecuencia cardíaca durante esos encuentros.
El equipo se concentró particularmente en la denominada arritmia sinusal respiratoria, una variación natural del ritmo cardíaco relacionada con la respiración y que se utiliza como indicador de procesos vinculados con la regulación emocional y la capacidad de adaptación.
El aumento de este parámetro se produjo cuando madre y bebé se sonreían simultáneamente, pero no cuando solamente uno de ellos lo hacía.
“Ambos tienen que ser positivos”, explicó Daniel Messinger, profesor de Psicología de la Universidad de Miami y autor principal de los estudios.
Según el investigador, el resultado muestra que una interacción social positiva puede estar vinculada directamente con el estado fisiológico del bebé.
Los adultos suelen dar el primer paso
Un segundo estudio permitió observar cómo cambian estas interacciones a medida que los bebés crecen.
Los investigadores siguieron a 58 niños de cuatro y ocho meses durante encuentros con sus madres, sus padres y una persona desconocida.
En general, los adultos eran quienes iniciaban con mayor frecuencia los episodios de sonrisa. Los bebés tendían a responder después de recibir primero ese gesto y también solían ser quienes dejaban de sonreír antes.
Sin embargo, el comportamiento cambiaba con la edad. A los ocho meses, los pequeños tenían más probabilidades de iniciar una sonrisa y de corresponder a la de un adulto que a los cuatro meses.
Para los investigadores, esto indica que la interacción se vuelve progresivamente más dinámica y que bebés y adultos desarrollan una mayor capacidad de responder mutuamente a sus señales.
La relación también influye
El estudio encontró además diferencias según quién interactuaba con el bebé.
Los pequeños mostraron una mayor tendencia a sonreírles a sus madres que a sus padres o a una persona desconocida. Curiosamente, los desconocidos tendían a iniciar y mantener las sonrisas durante más tiempo que las madres.
Para los investigadores, esta diferencia refuerza la idea de que no solamente importa el estímulo visual de ver a alguien sonreír, sino también la relación existente con esa persona.
Los resultados no permiten establecer que sonreír por sí solo determine el desarrollo emocional de un niño. Sin embargo, aportan evidencia sobre cómo las interacciones positivas y recíprocas pueden acompañar procesos fisiológicos relacionados con la regulación de las emociones desde los primeros meses de vida.
Así, acciones cotidianas como jugar, mirar y sonreír de manera compartida podrían formar parte de los mecanismos mediante los cuales los bebés comienzan a desarrollar sus habilidades sociales y emocionales.
