En el marco del Día Nacional de la Epilepsia, que se conmemora el 24 de mayo

El próximo viernes 24 de mayo se conmemora el Día Nacional de la Epilepsia, una buena oportunidad para atender las necesidades de muchos argentinos que padecen la enfermedad, sobre todo niños pequeños con epilepsias que no responden a los tratamientos farmacológicos convencionales, y para los cuales la medicina hoy dispone de otras opciones terapéuticas con excelentes resultados.

Según la Liga Internacional de Lucha contra la Epilepsia (ILAE por su sigla en inglés) se define epilepsia refractaria cuando un paciente no logra controlar sus crisis tras el tratamiento adecuado con dos o más fármacos antiepilépticos.).

“Las convulsiones refractarias ocurren en un 20 a 30% de los pacientes pediátricos diagnosticados con epilepsia, o dicho de otra forma que 3 de cada 10 niños con epilepsia no responderán a fármacos antiepilépticos y necesitaran otro tipo de tratamiento para controlar las crisis”, afirmó la Dra. Marisol Toma, médica neuróloga infantil del Hospital Alemán.

Una de las terapias científicamente validadas para el tratamiento de las epilepsias refractarias es la terapia cetogénica, que consiste en una alimentación alta en grasas, adecuada en proteínas y baja en carbohidratos. El aporte elevado de grasas como principal fuente de combustible -en reemplazo de los carbohidratos- favorece la producción de compuestos químicos en el hígado llamados ‘cuerpos cetónicos’, que generan cambios en la actividad metabólica cerebral mediante varios mecanismos que contribuyendo a controlar las crisis convulsivas.

La terapia cetogénica mostró reducir en un 50% la cantidad de crisis en el 85% de los niños tratados, de los cuales el 55% quedó libre de convulsiones2. Sin embargo, en la actualidad se estima que reciben terapia cetogénica apenas el 5% de los niños con epilepsia refractaria que podrían beneficiarse con su administración. Cabe aclarar que –generalmente- la terapia cetogénica no es un tratamiento que dure toda la vida, sino que luego de unos años comienzan a introducirse distintos alimentos hasta que el paciente finalmente puede realizar una dieta normal.

Para la Dra. Toma, “los niños con epilepsia refractaria presentan desafíos recurrentes que afectan su calidad de vida así como también la de sus familiares o convivientes: riesgo aumentado de internaciones frecuentes, muerte prematura, traumatismos, compromiso del estado nutricional, del crecimiento y desarrollo y/o alteraciones psicosociales”.

Los factores estresantes más significativos para los padres son las crisis y el número de medicamentos prescriptos, mientras que la terapia cetogénica ofrece en general una reducción en la frecuencia de las crisis y, en algunos casos, el control total de las mismas, disminuyendo así las reiteradas internaciones y mejorando la calidad de vida del paciente y de su familia.

“Esta respuesta favorable, no lograda en muchos casos con múltiples esquemas de fármacos, permitirá al neurólogo modificar las dosis de antiepilépticos de forma gradual y, en algunos casos, hasta podrán ser retirados, reduciendo así los efectos no deseados vinculados a su uso.”, consignó la Dra. Toma.

La dieta cetogénica se originó en la década de 1910 a partir de observaciones en pacientes con epilepsia refractaria que al iniciar períodos prolongados de ayuno lograban reducir la frecuencia de sus crisis convulsivas. Existen hoy cuatro tipos de terapias cetogénicas: la dieta cetogénica clásica, la dieta de ácidos grasos de cadena media, la dieta modificada de Atkins y la terapia de bajo índice glucémico.

“El médico neurólogo es quien debe indicar y hacer el seguimiento de la terapia cetogénica, con la colaboración de equipo de profesionales entrenados para conducir dicho tratamiento. Esto se debe a que no es simplemente un cambio en la alimentación, sino un tratamiento médico no farmacológico específico. La elección del tipo de terapia cetogénica será determinada por el equipo especializado en llevar a cabo el tratamiento y dependerá de varios factores tales como la edad del paciente, el síndrome epiléptico o la enfermedad metabólica, entre otros”, sostuvo la Dra. Toma.

Los alimentos que componen la terapia cetogénica incluyen crema, aceite, manteca, carnes, pollo, huevo, quesos, pescado, frutas y verduras; mientras que se restringen al máximo cereales, papas, galletitas, choclo, batata o pastas, entre otros. También puede ayudar a una mayor adherencia a la terapia complementarla con fórmulas nutricionales para la preparación de las comidas, que brindan los nutrientes necesarios para poder cumplir con los objetivos del tratamiento.

Dichas formulas nutricionales consisten en preparados de sencilla elaboración que aceleran el proceso de degradación de las cetonas, que es lo que produce el efecto anticonvulsionante. La provisión gratuita de las fórmulas nutricionales está cubierta por las obras sociales y prepagas (o por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social en caso de que el paciente no cuente con cobertura médica) por la Ley de Discapacidad (n°22.431 y n° 24.901) en los casos en que se cuente con el Certificado Único de Discapacidad (CUD) y por la Ley de Epilepsia (N° 25.404) para aquellos que no cuenten con el CUD.

Además, existen nuevas comunicaciones científicas que demostraron un efecto positivo de la terapia cetogénica sobre el funcionamiento cognitivo y conductual de niños y adolescentes, con reducción de los niveles de ansiedad y mejoría en funcionamiento emocional (estado de ánimo) e incrementando la productividad vinculada al aprendizaje, cambios que fueron independientes del control de las crisis convulsivas[3].

Como parte de una campaña en redes sociales por el Día Nacional de la Epilepsia, Nutricia compartirá un video testimonial al que podés acceder AQUÍ.

La prevalencia mundial de la epilepsia general oscila entre 4 y 10 casos por cada 1.000 habitantes, de los cuales el 60% son niños, lo que en nuestro país representa entre 132.000 y 264.000 niños con epilepsia[4]. Entre las principales causas que la originan, se encuentran anomalías congénitas, enfermedades vasculares como el infarto cerebral, infecciones, tumores, enfermedades degenerativas o lesiones.