Por: María Eugenia Grillo
Periodista

Se calcula que unos 400 millones de personas en el mundo padecen en forma crónica el virus de la hepatitis B, enfermedad que provoca un millón de muertes por año. En tanto, la hepatitis C afecta aproximadamente a 170 millones de personas y se estima que entre tres y cuatro millones más se infectan cada año.

En Argentina, se estima que al menos 800 mil personas padecen alguna hepatitis crónica (B o C).

Considerando el daño que las hepatitis virales ocasionan a la población y los problemas que generan en la salud pública, la Organización Mundial de la Salud resolvió designar el 28 de julio como Día Mundial contra la Hepatitis, a los fines de promover su detección, diagnóstico, control y tratamiento.

La fecha conmemora el nacimiento del Profesor Baruch Blumberg, quien descubrió en 1965 el virus de la hepatitis B, mérito por el que recibió el premio Nobel de medicina pocos años más tarde.

“Decimos que las hepatitis crónicas (B y C) constituyen dos asesinos silenciosos y tenemos varios motivos: por un lado la mayoría de las personas infectadas desconoce su condición, lo que permite que la enfermedad avance dañando progresivamente las funciones hepáticas; por otra parte, ambas afecciones son asintomáticas y cuando se ponen en evidencia el daño es irreparable”, indica Adrián Gadano, médico hepatólogo y jefe de la Sección Hepatologíadel Hospital Italiano de Buenos Aires.

El 80% de la transmisión de la hepatitis B es por vía sexual; también se  transmite por contacto con sangre, suero o heridas infectadas.

“Es un virus muy resistente, comparte vías de infección con el HIV pero es 50% más infectivo; por lo tanto, tiene mucha más facilidad de contagio”, indica Gadano.

Sin embargo, el tratamiento a tiempo con drogas (entecavir y tenofovir) ha permitido negativizar la carga del virus en un 90%, en dos años.

“Cuando el paciente llega al consultorio en etapas tempranas y es tratado con estos fármacos puede evitar la cirrosis hepática y, en caso de haberla contraído, evitará el transplante hepático”, asegura Fernando Bessone, hepatólogo y Presidente de la Asociación Argentinapara el Estudio de las Enfermedades del Hígado (A.A.E.E.H.).

En tanto, la hepatitis C es la primer causa de cirrosis y cáncer de hígado en el mundo occidental, y la cirrosis hepática la principal causa de transplante hepático enla Argentinay en el mundo.

Se estima que en nuestro país una de cada 50 personas está infectada y la gran mayoría de ellos no lo sabe.

Aunque todavía no existe una vacuna para prevenirla, las drogas han permitido un 55% de curación de la enfermedad y se espera que dos nuevas drogas -ya probadas en Estados Unidos- consigan llevar la tasa de la curación al 80%.

¿Cualquier persona puede estar en riesgo? Aunque los avances de la ciencia y la industria farmacológica permiten creer en un futuro alentador para quienes padecen hepatitis crónicas, el gran desafío para los especialistas consiste en tratar, educar y detectar a la población en riesgo más aún teniendo en cuenta que la mayoría desconoce su condición.

Entre los principales factores de riesgo para haberse infectado, tanto en forma reciente como en tiempo pasado, se destacan tener madre o hermanos VHB-positivos, comportamiento sexual de riesgo, uso de drogas inyectables, la utilización inadecuada de procedimientos médicos, transfusiones sin el control debido (actualmente es obligatoria su detección), y haberse realizado piercings o tatuajes (sobre todo antes de la década del 90).

Otra vía de contagio evitable y muy común es la transmisión de la hepatitis Bvertical de madre a hijo recién nacido.

“La educación y vacunación son las principales herramientas de prevención y también políticas nacionales para garantizar la accesibilidad de todos los pacientes a los mejores medicamentos disponibles”, indica Bessone.

En nuestro país las vacunas contra la hepatitis A y B son gratuitas pero se estima que el 30% de la población afectada no tiene obra social y, por ende no accede al tratamiento, cuyo costo mensual aproximado supera los dos mil pesos.

Emiliano Bissio, coordinador del Área Asistencial de la Direcciónde Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual del Ministerio de Salud de la Nación, asegura que a fin de año el gobierno pondrá en marcha un programa que permitirá a este sector de la población tener acceso al diagnóstico y tratamiento, y reconoce la importancia de realizar campañas que fomenten la detección a través de la educación.